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Michelson Borges

Michelson Borges

Ciencia y Religión

Los principales descubrimientos de la ciencia en el mundo, observadas de acuerdo al punto de vista bíblico.

La impresionante eficiencia energética de la vida

Foto: Shutterstock

El ser humano ha creado inteligentemente procesos biológicos ultra complejos que superan nuestras tecnologías de punta. Pero esos procesos biológicos asombrosos, que incluso inspiran nuestras investigaciones, son fruto de la casualidad y las mutaciones aleatorias filtradas por la selección natural ciega. ¿Tiene sentido esta afirmación?

Según un artículo publicado en el sitio Inovação Tecnológica, “toda la vida en la Tierra hace cálculos y todos esos cálculos parecen requerir energía. Ese asunto ha sido últimamente el blanco de bastante controversia, involucrando el llamado Límite de Landauer. Algunos afirman que se puede hacer computación sin consumo de energía, mientras otros creen que el Límite de Landauer no es tan limitador”.

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Christopher Kempes, del Instituto Santa Fe, en los Estados Unidos, se reunió con colegas para investigar el costo energético de la computación biológica. “De la ameba unicelular a los organismos multicelulares, como los seres humanos, uno de los cálculos biológicos más básicos, comunes en toda la vida, es la ‘traducción’ – procesar la información en un genoma y escribirla en la forma de una proteína”, explica el sitio. El equipo de Kempes logró demostrar que la traducción es un proceso sumamente eficiente desde el punto de vista energético.

Como cree en la teoría de la evolución, Kempes argumenta que es necesario entender las restricciones a esa evolución, algo que, según él, todavía no fue debidamente estudiado. “Una restricción que no fue ampliamente estudiada hasta ahora es como las leyes de la termodinámica restringen la función biológica, lo que podrá decirnos si la selección natural favoreció organismos con alta eficiencia computacional”.

Kempes revela: “Lo que descubrimos es que la traducción biológica es cerca de 20 veces menos eficiente que el límite físico inferior absoluto. Y eso es cerca de 100 mil veces más eficiente que una computadora”.

El paso siguiente que dará el equipo, según la innovación Tecnológica, será ampliar sus cálculos, para verificar la eficiencia termodinámica de cálculos biológicos de alto nivel, como el pensamiento; y finalmente, intentar entender la importancia que la eficiencia energética tiene para la selección natural. “En un último análisis, queremos conectar todo con la teoría de la computación, no solo para explorar ese tipo de cosas para la ciencia de la computación, sino también para ver si la teoría de la ciencia de la computación tiene algo que decirnos sobre las células”, dijo el profesor David Wolpert, coautor de la investigación.

¿Fruto de la casualidad?

Si usted no supiera que la computadora fue creada por alguien, y de repente tiene ante sí una PC de última generación, ¿qué concluiría? ¿Que toda esa cantidad de componentes electrónicos, cables, piezas metálicas y de plástico con utilidad organizada podría ser fruto de la casualidad? Después de conectar el aparato y verificar sus “habilidades” impresionantes, usted ¿tendría coraje de pensar que los programas que contiene y que la información compleja de la que dependen para funcionar fue apareciendo simplemente en algún momento en el pasado, y que con el tiempo se fue perfeccionando espontáneamente?

Tengo la seguridad de que usted naturalmente elogiaría a los creadores de una máquina tan maravillosa y útil. Entonces, ¿cómo los investigadores del Instituto Santa Fe pueden estudiar mecanismos biológicos y “maquinaria” tremendamente más compleja que nuestras mejores computadoras y aun así hablar de evolución? Todos sabemos que la hipótesis de la macro evolución presupone el surgimiento de la información y de la vida por casualidad. ¿Es o no es mucha incoherencia?

Kempes afirma que su investigación “nos podrá decir si la selección natural favoreció organismos con alta eficiencia computacional”. Solo que olvida mencionar que la selección natural actúa sobre características ya existentes. Por lo tanto, la duda permanece: ¿De dónde surgieron esos organismos con alta eficiencia computacional que terminaron siendo seleccionados? Darwin ayudó a explicar cómo los organismos más “aptos” sobreviven, pero no fue capaz de decir, en realidad, de dónde vinieron esos organismos, lo que de cierta forma invalida hasta el título de su obra más famosa: El origen de las especies.

En verdad, lo que se sabe es que la selección natural no es capaz de aumentar la complejidad, al contrario de lo que creen los darwinistas como Richard Dawkins, que en su libro Dios, un delirio afirma que la selección natural “elevó la vida de la simplicidad primera a altitudes asombrosas de complejidad, belleza y aparente designio que hoy nos deslumbran”.

Para que hubiera aumento de complejidad sería necesario que también hubiera aumento de información genética para posibilitar el surgimiento de nuevos órganos funcionales y nuevos planos corporales. Afirmar algo de esa naturaleza sería como decir que las computadoras y sus programas podrían aparecer sin la acción de un ser inteligente que les proveyera la información y creara las piezas necesarias para que el aparato funcionara.

¡Pero ahí ya sería necesario tener mucha fe!

 

 

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