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Michelson Borges

Michelson Borges

Ciencia y Religión

Los principales descubrimientos de la ciencia en el mundo, observadas de acuerdo al punto de vista bíblico.

Evolución por el hecho: eso no huele bien

La revista Ciência Hoje [Ciencia Hoy] de mayo de 2011 publicó un artículo que sostiene que el hecho de que los mamíferos (especialmente el ser humano) tienen el cerebro de un tamaño mayor en proporción  al cuerpo de los otros seres vivos puede estar relacionado al olfato. Los científicos usaron una técnica nueva de tomografía computarizada para “observar” dentro de la cavidad craniana de fósiles de mamíferos que ellos consideraban ser “ancestros evolutivos” de los animales que viven hoy.

“Después de recrear en 3D la cavidad craniana de más de dos mil fósiles de mamíferos y pre mamíferos [sic], los científicos decidieron estudiar los cráneos de dos especies precursoras de esa clase, Morganucodon oehleri y Hadrocodium  wui, que vivieron hace 190 millones de años [según la cronología evolucionista] donde hoy es China”, informa la revista. “Al comparar la cavidad craniana de esos fósiles con la de otros animales más antiguos, los investigadores notaron que las regiones del cerebro unidas al olfato, como el bulbo y el cortex olfativo, eran las que más se habían desarrollado. ‘La cavidad craniana de esos animales provee la primera evidencia sólida de los estados de evolución del cerebro de mamífero’, dice Zhe-Xi Luo, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Carnegie y uno de los autores del estudio. ‘Saber que mamíferos con cerebros grandes ya existían hace tantos años pone un marco en los estudios sobre nuestra evolución’”.

Además, según Ciencia Hoy, los investigadores no saben afirmar por qué solo los pre-mamíferos [sic] desarrollaron esa habilidad olfativa. “Una posible explicación es que la capacidad haya surgido como una adaptación para que esos animales, que tenían hábitos nocturnos, sobrevivieran en un ecosistema dominado por dinosaurios”.

Los investigadores sugieren que ese avance evolutivo habría sido posible por la presencia de pelos corporales en dos especies de animales analizadas. “Más que calentar el cuerpo de los mamíferos”, explica el artículo, “el pelo habría sido responsable de hacer el tacto más sensible, lo que estimuló la formación de nuevos campos sensoriales en el neocortex y el desarrollo de una mejor coordinación motora”.

Según los investigadores, todos los indicios hacen creer que los cerebros de mamíferos pasaron por tres etapas de evolución: la primera marcada por la mejora de la capacidad olfativa, la segunda por un aumento de la sensibilidad táctil y la tercera por el aumento de la coordinación neuromuscular. “Nuestros ancestros mamíferos no desarrollaron un cerebro tan grande para contemplación, sino para el perfeccionamiento de su capacidad de sentir olores y toques”, afirma Lou. “Gracias a ese avance, nosotros los humanos podemos pensar hoy sobre asuntos como este”.  Es interesante notar como cada descubrimiento nuevo transforma las certezas anteriores en “meras especulaciones”. Basado en eso, creo que sea mejor esperar el desarrollo de nuevas tecnologías antes de aceptar la posibilidad actual. El reportaje de Ciencia Hoy tiene la estructura (i)lógica común a muchos textos evolucionistas: inicia con una posibilidad (“puede estar”) y después trata el tema como un hecho (el cerebro con ventajas de los mamíferos “se debe a años de evolución”; el texto que comienza con “puede” termina con una declaración totalmente afirmativa en el último párrafo).

Los científicos reprodujeron el formato de los cráneos de algunos animales utilizando la tecnología 3D, y estudiaron el cráneo de supuestos precursores de esos animales. Note que la idea de precursores provienen de la filosofía darwinista no comprobada. Así, la investigación parte de una premisa para investigar lo que ya se considera un hecho: que algunos animales evolucionaron para otros y que el cerebro tendría esa capacidad intrínseca de aumentar de tamaño y complejidad (cuando, en verdad, se sabe que el cerebro está disminuyendo).

El texto asume que la capacidad olfativa habría surgido, pura y simplemente, pero no explica cómo (para variar). Pregunto si lo que habría surgido primero, ¿son las complejas células específicas que captan los olores y envían estímulos al cerebro o las neuronas especializadas que interpretan las sensaciones olfativas? ¿Para qué serviría uno sin lo otro? ¿O todo el mecanismo habría surgido de una sola vez, como un verdadero “milagro darwiniano” que hace a los darwinistas mucho más “creyentes” que los creacionistas? Además, el tema y la investigación no dedican una línea siquiera para tratar la dificultad insuperable de explicar el aumento de información genética necesaria para que “surjan” nuevos órganos y nuevas funciones. Es el tipo de texto/investigación que no huele bien.

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Comentarios

  • Carlos T.

    Se escribe “craneana”, no “craniana” ¿Alguien revisa lo que se publica?

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