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Marcia Ebinger

Marcia Ebinger

Desafíos en Familia

Los dilemas de la familia moderna y como superarlos.

¡Yo quierooo!

Es interesante… a todo el mundo le gusta recibir regalos. Y puede ser cualquier cosa, desde un bloquecito para notas o un llavero, hasta cosas mayores y más caras como un viaje o un auto.

Soy miembro de una página de madres en el Facebook, y hace poco, cerca del día internacional de la mujer (8 de marzo) innumerables participantes resolvieron sortear obsequios para los miembros de la comunidad. Había de todo. Para participar de los regalitos bastaba comentar “Yo quiero”. No tengo ni idea de la cantidad total de comentarios que “postaron” solo ese fin de semana. Miles y miles de personas querían ganar alguna cosa.

Esos días, leyendo un libro muy bueno sobre el sentido real de la vida y cómo la muerte entra en ese contexto, también me deparé con una opción interesante. Le preguntaron a una persona que estaba por morir, que estaba en sus días finales en su lecho de dolor y sufrimiento, qué haría si tuviera la oportunidad de tener un día entero de salud plena. Le preguntaron cómo querría disfrutar ese único día de una existencia feliz. La respuesta de ese hombre enfermo es muy interesante. Simplemente, quería estar con personas amadas para poder conversar sobre las necesidades de ellas (qué lindo), comer cosas sabrosas y sencillas y caminar mucho en medio de la naturaleza, observar cada detalle de las plantas y pequeños animales, vivir algunas horas más de alegría al final del día con los amigos, y punto final.

La respuesta del señor enfermo fue una decepción para quien hizo la pregunta. El entrevistador era un hombre de negocios, del área de la comunicación, repleto de actividades, lleno de dinero, comprador compulsivo de todas las cosas modernas que el mundo puede ofrecer, casado y sin hijos, para no que no interfieran en sus objetivos materialistas. Él pensó que el señor enfermo desearía viajes exóticos u otras cosas que solo el dinero puede ofrecer.

¿Será que tenemos que llegar cerca de la muerte para dar valor a lo que realmente vale la pena? ¿Será que solo cuando estemos cerca de dar nuestro último suspiro nos daremos cuenta de cuánto nos necesitamos unos a otros? ¿Cuánta felicidad traen las cosas pequeñas? ¿Los pequeños gestos de cariño, las palabras de bondad, la sonrisa franca y sincera, la palabra apropiada dicha a su tiempo? ¿Hasta cuándo buscaremos en las cosas lo que solo las personas pueden ofrecer?

Volviendo al comienzo del texto, cuando vi esa cantidad de cosas ofrecidas en Facebook (lo que dentro de cierta dosis de equilibrio no es incorrecto) casi posté una frase de la escritora Clarice Lispector: “Quiero días diferentes, personas que me acepten, quiero vida y mucha alegría a mi alrededor, quiero luces brillantes, de colores, quiero paz, quiero amor, quiero libertad de saber quién soy”.

Es necesario pensar en el sentido real de la vida… de la muerte… antes que sea demasiado tarde.

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