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Marcia Ebinger

Marcia Ebinger

Desafíos en Familia

Los dilemas de la familia moderna y como superarlos.

¡Estoy feliz por pagar la cuenta!

El 30 de mayo de 2012, salí temprano de casa para llevar a mis hijos a la escuela. Cerca del colegio, mientras iba por una avenida principal, fui sorprendida por una van que vino del otro carril para entrar en un retorno delante de mí. Frené rápidamente y afirmé el manubrio. Solo que el que venía atrás mío, no pudo evitar el accidente. Me chocó por atrás y me empujó encima de la van.

Lo primero que hice fue revisar que todos estaban bien dentro del vehículo y agradecí a Dios por la protección. Después, un poco asustada, bajé del auto. El conductor del auto de atrás estaba furioso con la conductora de la van, al final, ella había provocado todo esto. Era una señora de edad que no dijo mucho, y rápidamente se arrancó del lugar del accidente. El conductor y yo quedamos sorprendidos por la actitud de la señora. Llamamos a la policía para saber qué hacer y rápidamente llegamos a un acuerdo.

Meses después, recibí una carta extraña. Era una notificación informando que debía presentarme al juzgado porque alguien me estaba procesando. Hoy recibí el contenido del proceso y me impresioné con lo que vi. Aquella señora del accidente estaba exigiéndome que pagara US$ 1.200,00 por los gastos del arreglo de su auto. Pero, ¿sabe qué fue lo peor? Lo peor fue leer la historia que contó sobre el accidente. Eran pocas hojas de papel, pero llenas de mentiras.

Este hecho me hizo reflexionar y llegar a una conclusión. El pecado entró en el mundo porque el enemigo de Dios usó una mentira para engañar a Eva. Desde entonces la mentira es usada como recurso para engañar, para tomar ventaja. La pregunta que hago es: ¿vale la pena mentir? ¿Vale la pena ganar alguna cosa usando como recurso la mentira? La respuesta es no, porque los mentirosos son hijos del mal. En la Biblia Dios nos dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).

Pero, a pesar de eso, ¿cómo enseñar a nuestros hijos que la mentira no vale la pena, si en los días en que vivimos, a los mentirosos les va tan bien? Conversé con mis hijos después de este episodio, y les comenté mi conclusión: todavía no se si tendré que pagar la cuenta, pero si la tengo que pagar, la pagaré feliz, porque estoy del lado de la verdad. Les dije que es muy probable que en algún momento de la vida ellos tendrán que pagar el precio por la culpa de la mentira de alguien. Si esto sucede, les dije, paguen felices, porque es mejor ser hijo del bien, hijo de Dios, el Padre de la verdad. Y sobre ello, Dios nos dice: “La mentira aborrezco y abomino…” (Salmo 119:163).

 

 

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