Noticias – Adventistas

Karyne Correia

Karyne Correia

Salud Mental

Cuidados para tener una vida mentalmente saludable.

Somos lo que comemos

Acabo de leer un reportaje (http://g1.globo.com/bom-dia-brasil/noticia/2015/03/um-cada-cinco-adolescente-esta-acima-do-peso.html) sobre obesidad en adolescentes. “Uno de cada cinco adolescentes está con sobrepeso”, este es el título. Y el subtítulo, con informaciones igualmente preocupantes, es: “Cada vez más niños llegan a los consultorios médicos con enfermedades que son comunes en adultos. El exceso de peso afecta a la mitad de los brasileños”.

Mi trabajo es acompañar a pacientes que desean perder peso. A pesar de ser un trabajo gratificante, ya que dentro de algunas semanas podemos testificar de los resultados, no solo estéticos, pero también emocionales, me siento triste al pensar que en la mayoría de los casos tanto dolor podría haber sido evitado si hubieran desarrollado buenos hábitos desde la infancia.

Algunos nutricionistas acostumbran decir que “somos lo que comemos”. Hay mucha verdad en esta pequeña frase. No solo en lo relacionado a la obesidad. Nuestra alimentación afecta a nuestro ser de manera completa, mente y cuerpo (hasta porque no podemos separar estos dos).

Durante el período que estuve trabajando en mi disertación de la maestría, mi orientador me presentó un libro sobre control del estrés, en el cual había un capítulo sobre nutrición. En ese capítulo se dan al lector orientaciones sobre cómo evitar la cafeína, las grasas saturadas, el alcohol, el azúcar, la sal y a dar prioridad a una alimentación integral y natural, no solo para tener una buena apariencia estética, sino para tener una mente saludable. Entonces percibí que la ciencia estaba divulgando un mensaje que nosotros como adventistas del séptimo día tenemos en nuestros estantes de libros ¡hace más de cien años!

Somos lo que comemos no solo porque retiramos de los alimentos los nutrientes necesarios para la manutención de nuestro cuerpo, pero también la condición en que se encuentra nuestra mente depende de la influencia directa de lo que ingerimos. Llenamos a nuestros niños con azúcar, y después los llevamos al médico para que nos dé una receta de Ritalina (Metilfenidato). Consumimos chocolates, gaseosas e infusiones con cafeína y después vamos a las farmacias en busca de ansiolíticos y remedios para dormir.

No estamos en este mundo solo por estar. ¿Qué sentido tiene vivir para satisfacer el apetito, y entonces tener que tomar remedios para poder vivir por algún tiempo satisfaciendo este mismo apetito hasta morir? No es en eso que se resume nuestra vida.

Nuestra vida tiene un propósito. Perjuicios como obesidad, ansiedad y estrés, causados por una mala alimentación no son nada ante el perjuicio espiritual que sufrimos debido a nuestros malos hábitos alimentarios. Necesitamos entender que “todo lo que afecta al cuerpo ejerce también sobre la mente y el alma un efecto correspondiente” (Elena de White, El ministerio de curación, p. 242). Y si afecta la mente, afecta nuestra comunicación con el Señor, pues “[…] los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima” (Mente carácter y personalidad, t. 1, p. 236).

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