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Karyne Correia

Karyne Correia

Salud Mental

Cuidados para tener una vida mentalmente saludable.

Los costos de una supuesta libertad

Derecho a votar, derecho a postularse, una ley que nos protege de agresiones y un mercado que cada día reconoce más nuestras habilidades. Estas son solo algunas de las conquistas que nosotros, las mujeres, tuvimos en las últimas décadas. El concepto bíblico de sumisión femenina, antes pervertido por el machismo, ahora es completamente abandonado por el feminismo. Sin embargo, ¿a qué costo conquistamos esas y otras cosas?

Recientemente, leyendo algunas de las publicaciones del instituto de Psicología y Control del Estrés, encontré un texto que trataba específicamente del estrés en las mujeres. Cuál no fue mi sorpresa al ver que las autoras relacionan ese problema a la libertad que conquistamos en los últimos tiempos. En el 2011 publiqué un artículo científico sobre la depresión en las mujeres, en el cual destaqué algunas variables que se relacionan al desarrollo de esa enfermedad en ese público específico, que, a propósito, sufre dos veces más de depresión que los hombres. Entre esas variables citadas, están el embarazo en la adolescencia y la posición de “jefe” de familia. Pero, ¿la libertad sexual y la independencia financiera no son conquistas nuestras? ¿Cómo se pueden relacionar con esa enfermedad si son productos de nuestra libertad?

Si el concepto bíblico de sumisión femenina fuera correctamente entendido y practicado, nuestra vida, y la de nuestras familias sería mucho mejor. Una mujer que sufre de estrés, depresión o ansiedad (otro problema bastante común entre este grupo) no consigue ejercer plenamente la influencia positiva que podría tener sobre su hogar. La irritabilidad que ella siente se refleja en su relación con los hijos y con el esposo, así como los demás síntomas de su sufrimiento psíquico.

No me quiero detener aquí a explicar el concepto bíblico de sumisión femenina. Quiero solo proponer una reflexión: ¿hasta qué punto los costos de esa supuesta libertad que conquistamos en los últimos años no son demasiado altos? ¿Nuestras relaciones están siendo más saludables, o vivimos más desconfiadas e nos irritamos más? ¿Nuestra vida profesional nos proporciona más satisfacciones o vivimos más ansiosas y bajo presión? ¿Nuestros hijos están más felices y saludables, o más distantes de nosotros? ¿Nos sentimos más completas y realizadas o más exhaustas al final del día? ¿Sentimos más los placeres de la independencia o el peso de la soledad?

“Y conoceréis la verdad y la verdad nos libertará”. Juan 8:32.

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