Noticias – Adventistas

Juan Martín Vives

Juan Martín Vives

Fe, razón y libertad

Un enfoque bíblico-cristiano sobre la libertad de conciencia

¿Qué NO ES la libertad religiosa?

Foto: Shutterstock

La imagen era sencilla, pero llamó mucho mi atención. A pantalla dividida se veían dos fotos. A la izquierda, un aula de escuela pública en la que se veía a los alumnos sentados y en el frente, sobre la pizarra, un enorme crucifijo. Una leyenda abajo ponía: «Libertad religiosa». Al lado, una foto exactamente igual: los alumnos sentados en la misma aula, la misma pizarra, pero esta vez sin el crucifijo. La descripción de la segunda imagen decía «Persecución religiosa».

¿Es eso la libertad religiosa? ¿La posibilidad de imponer nuestras creencias a otros? Se ha vuelto una costumbre, especialmente entre algunas corrientes cristianas conservadoras, utilizar a la libertad religiosa como un concepto líquido, un comodín adaptable a sus necesidades. Se usa no solo como una protección para que las personas puedan vivir conforme a su fe, sino también para imponer a otros las propias creencias. No solo como escudo, sino también como garrote, si cabe la figura.

Para los adventistas la libertad religiosa es un asunto muy importante. Por eso debemos estar especialmente atentos a no utilizar la libertad religiosa como una etiqueta para identificar otro tipo de intenciones, por nobles que sean. Así como compartir el evangelio es parte de nuestro ADN, también lo es defender un sólido e innegociable concepto de libertad religiosa. Tenemos que hacer una cosa sin dejar de hacer la otra.

Permítanme poner como ejemplo la educación religiosa en las escuelas estatales (aunque el principio se aplica a cualquier tema donde se invoque la libertad religiosa). Actualmente hay un amplio debate al respecto en los países sudamericanos. Muchos insisten en que el Estado debe incluir la religión como una asignatura más en la escuela pública. Alegan que esto es parte de su «libertad religiosa». A simple vista puede parecer una buena idea. Después de todo, como personas de fe que somos, ¿qué más quisiéramos que todos los niños aprendan religión? Sin embargo, es otra la pregunta que debemos formularnos: ¿es coherente con nuestro concepto de libertad religiosa que se imponga la instrucción religiosa a los niños, contra su voluntad y la de su familia?

En primer lugar, estos casos nos plantean la cuestión de la separación de Iglesia y Estado. Pero ya en alguna otra ocasión hablaremos sobre eso. Concentrémonos ahora en el problema de la imposición. Si el concepto de libertad religiosa que sostenemos es que la religión debe ser aceptada libremente, sin condicionamientos, engaño o coacción, entonces es incoherente que apoyemos cualquier sistema que transmita la religión de manera forzosa. Cuando las doctrinas religiosas son transmitidas en las escuelas públicas, en horario de clases y dentro del currículo regular, existe una imposición. Aquí no hay debate posible. No importa que el alumno o la familia tengan la posibilidad de pedir una exención. Se sabe que aquel que decida abandonar el aula será estigmatizado por los demás y que probablemente será víctima de burlas y agresiones. El alumno que quiera evitarlo, deberá quedarse y escuchar cómo el maestro le enseña -con la misma autoridad que lo instruye sobre matemática o literatura- que lo que él y su familia creen está errado (o cosas mucho peores). Esta es una disyuntiva que ningún niño en edad escolar debería enfrentar. Nunca.

Los adventistas deberíamos saberlo mejor que nadie. Tenemos una larga historia de luchas para que nuestros niños y jóvenes no sean discriminados. Por eso mismo, debemos ser los primeros en sentir empatía por los niños y jóvenes que tienen otras creencias, pero que enfrentan las mismas angustias. Aun cuando pudiésemos imponer la enseñanza de nuestra religión, o incluso genéricamente del «cristianismo», deberíamos refrenarnos de hacerlo pensando en cómo esto afecta a la libertad religiosa de las personas con un conjunto de creencias (o increencias) distinto.

Los pioneros del movimiento adventista no tenían dudas sobre esto. Hace 125 años la IASD publicaba un artículo titulado ¿Debe enseñarse religión en las escuelas públicas?, donde se sostenía que:

“la familia, la iglesia y la escuela confesional ofrecen un campo adecuado y amplio para la educación religiosa de los jóvenes; el intento de forzar esa instrucción en las escuelas públicas no solo es peligroso, sino totalmente innecesario. Es algo que debería despertar [nuestra] vigilancia…”.[1]

Jesús ya lo había dejado claro como el agua. Nuestra actitud sobre la libertad religiosa debe regirse por la regla de oro: “…en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” (Mt. 7:12, NVI). En términos prácticos, esto significa que no importa si somos nosotros los que sufrimos la imposición de la religión de otros, o si estamos en condiciones de imponer nuestra religión a los demás: nuestro concepto no puede variar. Si somos coherentes con nosotros mismos, solo podemos hablar verdaderamente de libertad religiosa cuando esa libertad está disponible por igual para todos.

[1] International Religious Liberty Association, “Shall Religion Be Taught in the Public Schools?,” Religious Liberty Library, no. 9 (1893): 9. La traducción pertenece al autor.

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