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Jael Eneas

Jael Eneas

Loor y Música Cristiana

Música cristiana como expresión de loor a Dios.

Jesús Cantó

La sala estaba en silencio. Jesús había terminado de cenar con sus discípulos. En pocas horas sería presentado como ofrenda por el pecado de la humanidad. Por eso, escenas de traición, dolor, desprecio, humillación, se sucedían rápidamente por la mente de Cristo. Sin embargo, su semblante estaba sereno.

Todos miraron a Jesús cuando se levantó y cantó. Aún frente a la expectativa de la muerte, su voz no era de lamento, sino de júbilo. Los discípulos se unieron tímidamente a Cristo, y todos entonaron el Salmo 117:

Alabad a Jehová, naciones todas;
Pueblos todos, alabadle.
Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia,
Y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya.

La música tiene poder. El pueblo de Israel cantaba en el desierto para suavizar el estrés de la jornada. Así, al prepararse para el Calvario, Jesús también cantó; además, era un hábito que había formado desde niño. En el libro El ministerio de curación, Elena de White escribió que Cristo “Con su canto daba la bienvenida a la luz del día. Con himnos de acción de gracias amenizaba las horas de labor, y llevaba la alegría del cielo a los rendidos por el trabajo y a los descorazonados” (p. 34). Jesús salió para el Monte de los Olivos después de haber cantado un himno con sus discípulos (Mateo 26:30; Marcos 14:26).

Efectos

El hombre es una unidad indisoluble; por eso, la música impacta todo el ser. Al citar al médico fisiólogo Albrecht von Haller (1708-1777), la investigadora María de Lourdes Sekeff afirma en su libro La Música: sus usos y recursos que la “sangre brota con más fuerza de un vaso abierto, en personas predispuestas, en caso de hipertensión arterial, provocada por el redoblar de tambores” (p. 118).

También registra investigaciones del compositor francés André Modeste Grétry (1741-1813, que indican que cuando “cantamos mentalmente un trecho de música, el ritmo cardíaco tiende a conformarse con el ritmo del canto mental”, de acuerdo con Carvalhal Ribas, en el libro Medicina y Música, de 1957.

Así, al alcanzar el cerebro, los efectos de la música se extienden por todo el cuerpo. El psiquiatra Orlando Benenzon, demostró en el libro Musicoterapia y educación, de 1971, que la “música es un recurso contra el miedo y la ansiedad, además de ser una defensa natural contra la melancolía y la depresión” según revelan investigaciones hechas en el Hospital Neuro psiquiátrico de Buenos Aires.

Para Elena de White, la música tiene un propósito santo, “elevar los pensamientos hacia aquello que es puro, noble y enaltecedor, y para despertar en el alma la devoción y la gratitud hacia Dios” (La música, p. 15). Y concluye, “La música forma parte del culto tributado a Dios en los atrios celestiales, y en nuestros cánticos de alabanza debiéramos procurar aproximarnos tanto como sea posible a la armonía de los coros celestiales” (p. 20).

Consejos:

Estimule el canto en su iglesia. Para esto capacite a líderes de música y organice “ministerios de alabanza”. Siguen algunas sugerencias:
1- Al elegir una música debe

  • Dirigir al público a Cristo como “el camino, la verdad y la vida”.
  • Preparar el ambiente para la presentación del mensaje bíblico, mantener su apelación y suscitar una reacción positiva de parte de los oyentes.
  • Seleccionar personas para ejecutar o cantar que vivan de acuerdo con el mensaje que cantan y tocan.
  • Ser un conducto de profunda impresión de la verdad bíblica, que despierte una transformación por el poder del Espíritu Santo.
  • Ser presentada de manera cuidadosa, planeada y ordenada.
  • Dirigida de manera simple y presentada sin provocar atracción personal.
  • Destacar la predicación de la Palabra, tanto en el vigor de la presentación como en la distribución del tiempo destinado al canto.
  • Mantener una exhortación equilibrada a la naturaleza emocional e intelectual, y no solo encantar a los sentidos.
  • Ser comprensible, sugestiva y significativa, en contenido y en el estilo para la mayor parte del auditorio.

2- En cuanto a la conducción de la alabanza, recuerde

  • Dirigir el canto congregacional siempre de manera Cristo céntrica, con profundo significado bíblico.
  • Ser un cristiano auténtico, no solo al conducir la alabanza, sino sobre todo en la vida cotidiana.
  • Ser un ejemplo también en la postura, gestos, equilibrio de voz y preparación. Recuerde que cantar es una forma de oración.
  • Ser empático, gentil y educado con el público, evitando frases que incomoden y actitudes discriminatorias.
  • Conducir a la congregación de manera entusiasta y estimulante, reforzando la autoestima colectiva y la motivación para el aprendizaje.
  • Preparar a la congregación para cantar, ayudando en la respiración, ataque y atmósfera musical correspondiente al texto y a la música.
  • Respetar los niveles de “decibeles”. La congregación precisa sentir placer de participar en la alabanza.
  • Playbacks demasiado altos y estridentes desmotivan la alabanza.
  • Preparar una guía de alabanza que incluya pasajes bíblicos, testimonios y textos que unan un himno con el otro, siguiendo una lógica y significado al cantar.

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