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Heron Santana

Heron Santana

Iglesia Relevante

Estudios y acciones innovadoras que promueven cambios sociales y ayudan a la Iglesia a ampliar su relación e interacción con la sociedad

El vicio de la tecnología, la fatiga de las pantallas, es una oportunidad para la iglesia

Los especialistas sugieren que los usuarios separen períodos de tiempo para quedar offline (Foto: Shutterstock).

Desacelerar será la tendencia digital más candente de 2018. A cada actualización tecnológica corresponderá una actualización compasiva en las relaciones virtuales. Las medidas basadas en likes serán sustituidas por medidas pautadas por el tiempo en que las personas pasen juntas. Los dispositivos tendrán sistemas que estimularán a los usuarios a gusta de la vida offline.

Si hubiera un Don Quijote de La Mancha en la actualidad, ciertamente los enunciados de arriba serían sus banderas. Don Quijote, personaje del libro homónimo que es exponente de la literatura española, escrito por Miguel de Cervantes, narra las aventuras de un personaje enloquecido que vive la divergencia entre el idealismo de sus valores y la realidad en la cual vive y actúa. Pero la perspectiva del primer párrafo no es fantasía. Hay gente seria que cree que el futuro de la tecnología puede ser más humano.

Uno de los principales defensores es Tristan Harris, especialista en diseño, exempleado de Google y cofundador de Time Well Spent (Tiempo bien pasado), una organización enfocada en concientizar a las personas sobre cómo los intereses comerciales proyectan dispositivos móviles capaces de capturar la mayor atención posible, sin considerar la forma como la utilización de esos dispositivos puede reducir la calidad de vida de los usuarios y de la sociedad.

Es preciso prestar atención al recorrido de Harris. Para la revista estadounidense The Atlantic, él es “lo más cerca posible que el Valle del Silicio llegó a una conciencia ética”. Time Well Spent trabaja con intensidad para revelar cómo la tecnología secuestra nuestras vulnerabilidades psicológicas. Harris comparó los dispositivos móviles con las populares máquinas tragamonedas, en donde se juega con poco dinero y cuando menos se percibe, se dedica tiempo y recursos a este juego más de la cuenta. “Mi smartphone es un tragamonedas. Toda vez que verifico mi smartphone estoy jugando en un tragamonedas para saber lo que voy a ganar. Es como si pedazos de mi tiempo me fueran arrebatados y cuando eso ocurre es como si parte de mi vida también fuera arrebatada”, dijo en una entrevista reciente.

Lo real en segundo plano

Le sucede a Harris, me sucede a mí, l sucede a usted y le sucede a todos nosotros. Es un hecho: los dispositivos móviles, las redes sociales y las aplicaciones de relaciones ofrecen una elección “perfecta” en el menú de la vida. Los dispositivos móviles permiten que la realidad se vuelva más dulce. Si usted está en una fila aguardando atención, hay una sensación de bienestar cuando usted mira una foto en Instagram o verifica una publicación en la que fue etiquetado en Facebook. Cuando la realidad es aburrida y chata, los dispositivos siempre van a ofrecer algo más placentero, más productivo y hasta aún más educativo que lo que nos da la realidad.

Observada a la distancia, esta es una situación banal y es así que debe ser. Pero hay una perspectiva de largo plazo que debería causar preocupación: estamos preparando una generación con habilidades impresionantes para la relación virtual, pero con capacidad empobrecida para las relaciones reales. Son personas capaces de crear relación con personas del otro lado del mundo, pero incapaces de crear conexiones con personas del otro lado de la calle, como observó la gerente de entretenimiento y medio de Google en Brasil, Deborah Bonazzi, en la charla reciente en el encuentro mundial de la Red Adventista Global de Internet (GAiN por sus siglas en inglés), realizado en el Centro Universitario Adventista de São Paulo en Engenheiro Coelho.

No hay duda de que es una advertencia importante, necesaria y urgente, pero que no esconde una situación bastante común en nuestra vida cotidiana. El smartphone está en el bolso. Usted lo toma y ve alertas en la pantalla. Hay una notificación de que usted fue etiquetado en una foto. Hay un mensaje de texto en WhatsApp. Hay un video gracioso que fue compartido y le trajo un instante de alegría. ¿Cómo resistir a esos alivios esporádicos contra la incomodidad de la vida real?

Ronaldo Lemos, abogado y especialista en las conexiones entre la tecnología y la sociedad, hizo esta pregunta en un artículo reciente publicado en Folha de S.Paulo (Sereias Digitais, Vício em Tecnologia e Dicas Para um Uso Saudável da Internet). Él observó el papel de la economía de la atención en ese escenario. Economía de la atención, término creado por el economista estadunidense Herbert Simon, tiene un enunciado fácil de entender: la riqueza de información genera la pobreza de atención. Y para Lemos, la lucha por captar nuestra atención es una de las más importantes del siglo 21. Lemos escribe:

“La atención humana es hoy territorio en el que se traba una intensa guerra de colonización. Para entender esta batalla, es preciso examinar las armas empleadas, como hace el estadounidense Nir Eyal, autor del libro Hooked: How to Build Habit-Forming Products (Enganchado: cómo desarrollar productos que forman hábitos). Eyal trabaja en la intersección entre la psicología y la tecnología. En su estudio, él ajusta los elementos que nos llevan a quedar enganchados –para no decir enviciados– por determinados productos de la Internet y argumenta que el diseño nos torna víctimas indefensas ante las sirenas digitales”.

Trampa digital

Lemos comenta que Eyal usó estudios para elaborar un modelo capaz de describir cómo los dispositivos creados por las empresas de tecnología capturan y prenden nuestra atención. Eyal dividió el sistema en cuatro etapas y le dio el nombre de “the hook” (“el gancho”).

La primera es el gatillo: una notificación en el celular, especialmente seductora en situaciones recurrentes en lo cotidiano, como la tediosa espera por un ascensor o una frustración en el trabajo. La segunda etapa del sistema de Eyal es la acción. Usted decide leer el mensaje y descubrir quién le etiquetó y en qué foto. El tercer elemento es la recompensa esporádica. A veces, el mensaje será inútil, a veces será una novedad que usted ansiaba. A veces, usted habrá sido etiquetado en la foto de una promoción comercial, a veces será una imagen increíble de su infancia. Y la cuarta etapa muestra que, como la recompensa es aleatoria, usted la buscará incesantemente. “Este es el mismo mecanismo que lleva al vicio en los juegos de azar y que es usado para promover la compulsión en la Internet. La clave, en todos esos casos, está en la periodicidad imprevisible de la recompensa”, afirma Lemos.

Sin embargo, los especialistas están atentos a un efecto colateral de ese contexto, que ya se mete con la economía de manera inusitada. Stephen Lotinga, presidente de una asociación de editores del Reino Unido de Gran Bretaña, la describió como “fatiga de la pantalla”. “Hay una sensación de que las personas ahora están comenzando a cansarse de la pantalla, debido a tantos dispositivos siendo usados o vistos durante la semana”, dijo en una entrevista al periódico The Guardian. Estse cansancio ha provocado reacciones interesantes. En 2016, en los Estados Unidos, hubo una caída de 16% en las ventas de libros digitales y aumento de 3,3% en la adquisición de libros impresos, tercer año seguido de crecimiento. En Inglaterra, el comercio de e-books se redujo 4% en el mismo período, mientras que el consumo de publicaciones en papel avanzó 7%.

Otra reacción visible: la popularización del diario de temas, o bullet journals, mezcla de agenda, mezcla de agenda con descripción de tareas, metas y deseos, creados y personalizados según cada persona. Con tantas posibilidades de aplicaciones digitales para gestionar la agenda y las tareas, es fascinante la popularidad del diario de temas. Conocí el sistema por medio de Geyvison Ludugério, también columnista aquí del portal; y el tiempo que he dedicado a este tipo de diario sólo comprueba lo que la ciencia ya hizo oficial sobre las ventajas para la salud de escribir a mano y externalizar metas, recuerdos y deseos.

Desconectar para conectar

“Los libros impresos proporcionan una oportunidad de apastarse de eso”, dijo Stephen Lotinga al The Guardian. ¿Sería la redención de los libros impresos o solo una moda? Es una pregunta que debería merecer alguna atención de la Iglesia, que viene diseminando el libro impreso de forma impresionante. Estimular la desaceleración tal vez sea una acción de vanguardia en una sociedad digital que da señales de cansancio de pantallas y que puede buscar alternativas para una convivencia más equilibrada con ellas.

En São Paulo, vale la pena prestar atención al movimiento Desacelera SP, que propone una especie de slow media, movimiento semejante al que el Slow Food buscó al proponer restaurar el placer de comer sin prisa y rehabilitar el interés por el origen de los alimentos. Siguiendo un manifiesto escrito en 2010 por periodistas alemanes, el slow media pretende hacer que los ingredientes de la información “sean elegidos conscientemente y preparados de forma concentrada”.

¿Cómo podemos hacer eso? Vale recordar tres sugerencias ofrecidas por Deborah Bonazzi. En primer lugar, esté 100% presente. Las relaciones virtuales son importantes, pero estar presente en la vida de los maridos, las esposas, los hijos, los amigos, ofrece el equilibrio necesario para la inmersión digital en la que vivimos. Quedar offline para disfrutar un paseo en familia o entre amigos, o una caminata, o un paseo en bicicleta, o la dedicación exclusiva a un libro, puede traer la armonía a una vida acelerada por la búsqueda de pequeñas recompensas ofrecidas por los dispositivos.

Enseguida, Deborah sugiere tener lugares sagrados, o “shabat digital”: espacios de tiempo en que usted excluye completamente de su presencia los equipos de tecnología o acceso a las redes sociales. Por último, asegurarse de que usted está completamente al mando de su vida.

Son consejos que llevo a la vida, con la esperanza de conseguir un equilibrio pleno entre la vida profesional, la personal y la espiritual. Como recordó Ronaldo Lemos, la fatiga de las pantallas es provocada por nuestra incapacidad de librarnos de ellas. No es solo un problema social, sino que también es espiritual. Sigo con la esperanza de ver a la Iglesia dedicar cada vez más la debida atención a este fenómeno e invertir en la tecnología, como debe ser, pero buscar las señales que demuestran que este contexto puede estar al borde del agotamiento.

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