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Herber Boger

Herber Boger

Primero Dios

Historias y pruebas de fidelidad a Dios en todos los momentos y circunstancias de la vida.

Primero Dios en las relaciones y la búsqueda por la paz

Fuente: Fotolia

¿Luna de miel en el Oriente Medio? Es eso mismo. Con menos de un mes de casados desembarcaron en una ciudad milenaria con dos valijas cada uno. Ellos siempre pusieron a Dios primero en todas las fases de su vida, en el sueño de la facultad, en el presupuesto, en su noviazgo y casamiento. Ahora llegan a vivir por cinco años en una ciudad fronteriza con Siria. Los dos únicos adventistas de la ciudad. En un lugar donde hace muchos años no existe paz, debido a los conflictos y guerras, ellos desembarcaron solos del ómnibus. Necesitaban una cuenta bancaria para alquilar un departamento, por eso oraron y Dios les dio todo eso en el primer día; el milagro de la oración. Cuando llegaron al fin de la tarde para descansar en su apartamento, las vecinas, dos profesoras, los invitaron a cenar. Era como si Dios colocara literalmente una mesa en el desierto del Oriente Medio y los recibiera con todo lo que necesitaban para comenzar bien su nueva vida de casados. ¿Cuál es el secreto de la vida de este matrimonio que es parte de las 25 familias del proyecto Misioneros para el mundo? Primero Dios, siempre, en el comienzo y durante todo el día.

Sueño de consumo

El sueño de consumo en las relaciones de las familias no lo puede adquirir el dinero, pero está a disposición de todos.

El primer matrimonio de este mundo según la Biblia, perdió eso. Inmediatamente tuvo culpa y miedo. Y hasta hoy las familias siguen huyendo e intentando soluciones de a su manera, sin el “Dios de la paz” 1 Tesalonicenses 5:23. La mayor recompensa es la satisfacción mental, el mayor sueño de consumo de un hogar es la paz con Dios.

Desde que el pecado entró en el mundo el ser humano perdió la comunión natural con Dios, se llenó de culpa, miedo y huyó hacia el lado opuesto desesperadamente en busca de paz.

La autora norteamericana Elena de White declara que “los hombres no pueden fabricar la paz” (El Deseado de todas las gentes, p. 270). Ni la ONU, la Organización de las Naciones Unidas, que surgió con este objetivo. “Convirtieron sus espadas en rejas de arado. Y sus lanzas en podaderas; una nación no levantará espada contra otra nación, ni aprenderán más la guerra”. Estas palabras están escritas en un muro en la plaza de las Naciones Unidas, en la ciudad de Nueva York. Por décadas, la fuente de esa cita no se había identificado. Siendo que el objetivo de la ONU es trabajar en favor de la paz global, era fácil concluir que esa cita se hubiera originado en los fundadores de la ONU, en 1945. Pero en 1975, fue tallado el nombre de Isaías en el muro debajo de la cita. ¿Será que reconocieron la incapacidad?

“El hombre desde siempre busca la paz, pero su naturaleza es de guerra, narcisista”, dice la médica psicoanalista Teresa Palazzo hablando sobre la naturaleza humana de guerra y el deseo de paz.

Ese gran conflicto está dentro de cada persona y consecuentemente en cada hogar.  Elegir la paz es una decisión personal: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;  y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” Jeremías 29:11-13.  “Es imposible que el alma florezca mientras la oración no es un ejercicio especial de la mente” (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 171). El secreto es mantener una conexión ininterrumpida con Dios. Mantener el sentido de su presencia siempre.

La paz con Dios está a nuestra disposición instantáneamente, es lo que nos dice Romanos 5:1: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

Y en las relaciones con las personas, minutos son suficientes para restaurar la paz. “Si se pusieran a un lado el orgullo y el egoísmo, cinco minutos bastarían para eliminar la mayoría de las dificultades” (Primeros escritos, p. 119).

Veamos algunos beneficios de la paz con Dios:

Paz con Dios en el matrimonio

El primer papel del marido, padre es acercar la familia a Dios todos los días. [El marido] “Procurará mantener a su esposa con salud y buen ánimo. Se esforzará por pronunciar palabras de consuelo, y por crear en el círculo del hogar una atmósfera de paz” (El hogar cristiano, p. 205).

Paz con Dios en la salud

Esta paz genera salud emocional y física dice la misma autora: “La paz que él solo puede dar, impartiría vigor a la mente y salud al cuerpo” (El Deseado de todas las gentes, p. 235).

Paz con Dios en el sábado

Por eso él creó un día de paz: “El sábado les indica las obras de la creación como evidencia de su gran poder redentor. Al par que recuerda la perdida paz del Edén, habla de la paz restaurada por el Salvador. Y todo lo que encierra la naturaleza, repite su invitación: ‘Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar’. Mateo 11:28)” (El Deseado de todas las gentes, p. 255). “Esa paz no es cualquier cosa que él dé aparte de su persona. Está en Cristo, y no la podemos recibir sino recibiéndole a él” (El ministerio de curación, p. 190).

Paz con Dios en la fidelidad

“¿Por qué no se entrega plenamente a Dios? Le impartirá su luz y su paz, y usted gustará de su salvación. No le traiga más a Dios una ofrenda perniquebrada o enferma” (Cada día con Dios, p. 99).

Paz con Dios si él volviera hoy

Si sois correctos con Dios hoy día, estaréis preparados en caso de que Cristo venga hoy…” (En los lugares celestiales, p. 227).

El precio infinito de este sueño de consumo fue pagado por Jesús: “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Por eso él llama a la puerta de los corazones (Apocalipsis 3:20) todos los días. Él quiere entrar en los hogares y si dos o tres se ponen de acuerdo, en su nombre pueden pedir cualquier cosa (Mateo 18:20) y entonces el milagro que solo la presencia del Príncipe de la Paz (Isaías 9:6) es capaz de realizar será una realidad en su casa. Este sueño de consumo es suyo.

Por lo tanto, ¡tenga primero a Dios siempre!

 

 

 

 

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