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Geyvison Ludugerio

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Fuera de Caja

Todo lo que usted conocía, conózcalo de nuevo. Innovación y Creatividad en la práctica.

Aburrido en la iglesia

Foto: Shutterstock

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Una vez escuché de un emprendedor youtuber, nueva profesión de quién se sustenta con videos hechos para Youtube, que: “la mejor manera de saber lo que quieres es haciendo algo que odias”. Y no podría tener más razón.

¿Podría estar 10 minutos sin hacer nada, solo mirando el techo? Imagino que no. Eso puede parecer un ejercicio aburrido, pero esa pausa podría ser el momento más creativo de su día. Eso mismo, la pausa, el vacío, el espacio en blanco en el tiempo que pocos recuerdan.

Recuerdo una vez que un pastor me dejó plantado. Habíamos fijado una hora para encontrarnos a conversar. Eran temas en los que yo tenía ciertas dudas y solo él podía sacármelas. Aquel día me quedé esperándolo y nada. Después de algunos minutos, pensé que ya no vendría a hablar conmigo, hasta que en determinado momento, escuché una voz que venía de lejos, del púlpito de la iglesia:

… Entonces, hermanos, ahora hablaremos un poco más sobre el Espíritu Santo…

¡Ufa! Pensé que el pastor no me diría nada interesante. Déjenme guardar mi celular que, ahora sí, puedo comenzar a prestar atención al resto del culto.

 

La vida y sus espectáculos

Hoy en día, es muy común encontrar personas aburridas. Es suficiente con prestar un poco de atención a las actitudes del día a día. Las personas no se aguantan estar más de 10 minutos en una fila, o 10 segundos esperando la luz roja en el semáforo sin tomar el celular y ver los mensajes, y se olvidan que eso infringe las leyes de tránsito y puede ser causante de una multa cara.

Todos estos nuevos hábitos surgieron después de la invasión de la tecnología en nuestras vidas. Algunos estudios demuestran cómo, hoy en día, la sociedad vive en busca de pequeños momentos de espectáculos para huir del aburrimiento. Guy Debord, escritor francés, en su trabajo más conocido, La sociedad del espectáculo, explica que: “Toda la vida de las sociedades en las cuales reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era directamente vívido se dispersa en el humo de la representación”[1].

Debord escribió que, actualmente, nuestra sociedad está prácticamente toda volcada al consumo, tanto de bienes como de informaciones. O sea, todo a nuestro alrededor está hecho para que podamos consumir algo. Y el principal estímulo para este consumo es la manera en la que se presenta la invitación. Esa invitación debe ser siempre algo inédito. Un seminario con un título nunca antes visto, o una combinación única en la vidriera para capturar miradas. El objetivo es siempre el mismo: causar un gran impacto y motivar más interés por el producto o el mensaje presentado.

Elena G. de White, en el libro La educación, en la página 233, cuenta una historia que ilustra bien el escenario que vivimos:

“El entusiasmo es un elemento importante de la obra educativa. En cuanto a esto, la observación hecha una vez por un celebrado actor contiene una útil sugerencia. El arzobispo de Canterbury le había preguntado por qué los actores al representar una comedia impresionaban tan notablemente al auditorio al referirse a cosas imaginarias, mientras que los ministros del Evangelio impresionaban tan poco al suyo hablándoles de cosas reales. ‘Con todo el respeto debido a vuestra eminencia—contestó el actor—, permitidme deciros que la razón es sencilla: Es el poder del entusiasmo. Nosotros hablamos en el escenario de cosas imaginarias como si fueran reales, y vosotros en el púlpito habláis de cosas reales como si fuesen imaginarias’ ”.

Muchos ignoran que vivimos seis días de la semana expuestos a estímulos espectaculares y les echan la culpa del desinterés de los miembros de la iglesia por la Palabra de Dios solo en la falta de comunión diaria. Quien más sufre con ese juicio son los adolescentes. No es coincidencia que al fondo de la iglesia o en el patio se sienten más cómodos. Y eso cuando no están totalmente afuera.

Abúrrase

Teresa Belton, investigadora británica en el área de educación, explica cómo el momento del aburrimiento, o sea, el momento fuera de la zona de estímulos, puede ser una herramienta poderosa para la imaginación, principalmente de los niños. Ella recuerda que, en el pasado, la tecnología no era interactiva. Por eso, su uso era muy criticado. En la actualidad, las nuevas generaciones están cada vez más involucradas en este mundo tecnológico, pero ahora para sacarles provecho y no solo de forma pasiva. Vale la pena recordar que esa interacción debe llevarse a cabo con cautela y vigilancia. Nada que se use de manera exagerada le haga bien al ser humano.

De acuerdo con la investigadora, Alex Primo, periodista y doctor en informática en Educación, muestra también que cuando los niños y adolescentes dejan de interesarse por contenidos comunes, o en nuestro caso aburridos, ese es el momento de incentivar a crear nuevos productos y, también, nuevas formas de presentar aquel contenido.

Uno de los publicitarios más conocidos de Brasil, Nizan Guanaes, pionero de la creatividad en comunicación tiene una frase popular que se convirtió en el título de su libro: Mientras ellos lloran, yo vendo pañuelos. Ese debe ser el pensamiento creativo: donde algunos ven problemas, los creativos ven infinitas posibilidades de hacer la diferencia.

Cuando ese pastor me dejó momentáneamente “plantado”, me di cuenta de que cuando algo ya no me llama la atención porque todo tiene que ser a mi manera, tengo dos opciones: irme o involucrarme para mejorar esa situación. La pregunta es: ¿estamos dando espacio para que los jóvenes aburridos usen sus dones y talentos para lograr un cambio?

Aburrirse puede ser la manera más eficiente de sentirse motivado a levantarse de la silla y buscar nuevas formas de cambiar el mundo.

 

[1] DEBORD, Guy; A Sociedade do Espetáculo, Editora Contraponto.

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