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Felipe Lemos

Felipe Lemos

Realidad Enfocada

Datos y fechas analizadas bajo un punto de vista bíblico.

Los evangélicos y el evangelio

Vayamos a los datos. Según el último censo del IBGE, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el número de evangélicos en Brasil aumentó 61,45% en 10 años. En el 2000, cerca de 26,2 millones se dijeron evangélicos, el 15,4 % de la población. En el 2010, pasaron a ser 42,3 millones, el 22,2 % de los brasileños. Pero, recientemente escuché la información de que más de 4 millones se dicen evangélicos sin pertenecer necesariamente a una denominación. Debe ser por ese manifiesto crecimiento que salió el decreto estableciendo que el día 30 de noviembre es el Día Nacional del Evangélico.

El nombre evangélico nos remite necesariamente a una palabra bien conocida, tanto por quien es cristiano como por quien no lo es: evangelio. Bajo este término evangélico hay registradas más de un centenar de denominaciones religiosas en Brasil, y que básicamente están divididas en por lo menos tres ramas del protestantismo: el histórico, el pentecostal y el neo pentecostal.
Pero volvamos a la esencia. Ser o decirse evangélico debe presuponer seguir el evangelio. Teológicamente, evangelio significa buenas nuevas y tiene que ver en primer lugar con la narración canónica de las cuatro biografías que relatan la vida de Jesucristo y sus enseñanzas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Podemos ir más allá e identificar el evangelio eterno presente en el libro de Apocalipsis, capítulo 14, que sería predicado a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

Sintetizando, evangelio es un mensaje a ser difundido y que está totalmente conectado con la vida, misión y carácter de Cristo y, por lo tanto, de Dios el Padre. No es un mensaje inconsistente cualquiera expresado o idealizado por un grupo de hombres reunidos hace varios siglos, en ese caso habría desaparecido completamente. Ni es un concepto abstracto, filosófico y que solo un conjunto de eruditos lo puede entender después de muchos y profundos estudios teológicos o sociológicos. En ese caso no podría ser algo que implicara salvación espiritual para todos.
El evangelio es todo lo que Cristo enseñó, y que confirmó lo que en toda la Biblia ya se venía enseñando desde los profetas del Antiguo Testamento. Es un mensaje armonioso, no contradictorio y que no está a la venta. O sea, evangelio no es como algunas leyes que cambian de acuerdo con las conveniencias o intereses políticos. No es una moda pasajera que pasa de un año a otro, o que solo existe si está destacado en los medios de comunicación. Tal vez hoy sea popular algo que no es evangelio, y se llame evangélica a gente que, quien sabe, tampoco es evangélica si vamos al fondo de la cuestión.

Lo más importante es entender que por una cuestión de lógica, ser evangélico es vivir el evangelio sin ningún interés de escusa, justificación o miedo. Sí, ese Día Nacional del Evangélico sería más prudente recordar a quien dio la vida literalmente por ese evangelio. Gente como los primeros discípulos y apóstoles, cuya parte de la trayectoria está registrada en el relato bíblico de Lucas en Hechos.
La permanencia de ese evangelio real y transformador de vidas es una prueba irrefutable de su calidad. Como dijo Gamaliel en Hechos 5:38 y 39, hablando durante la gran reunión de líderes judíos amenazados por el crecimiento del cristianismo, “Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios”.

El Evangelio viene de Dios y no puede ni será destruido. Ni por los ataque de los enemigos ni por la desidia de algunos que dicen defenderlo hoy.

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