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Felipe Lemos

Felipe Lemos

Realidad Enfocada

Datos y fechas analizadas bajo un punto de vista bíblico.

Las madres de la Biblia y sus lecciones eternas

El amor inigualable de una madre por sus hijos nos provee de muchas enseñanzas. Son lecciones a las que durante la infancia, adolescencia y juventud, las personas no suelen dar la debida importancia, pero que posteriormente pasan a tener un valor inestimable.

A mí, por ejemplo, mi madre me aconsejó (advirtió) varias veces que disminuyera el tiempo del fútbol en la calle con la muchachada y aumentara el tiempo de estudios. A veces, bastante contrariado, aceptaba la sugerencia. Escuchaba el ruido de la pelota picando y me ponía ansioso. Pero aceptaba la orientación de mi madre, aún sin comprender la importancia que eso representaría en el futuro.

Años más tarde, valoré esos consejos cuando me di cuenta de que, sin estudiar más que el mínimo esperado, no tendría mucho éxito personal ni profesional. Además, el tiempo mayor de estudio y lectura me ayudó a ser alguien más contextualizado y amante de la escritura y de los textos.

Vale la pena observar algunas madres de la Biblia y las lecciones que dejaron en beneficio de los hijos, quienes, tal vez, en un primer momento no percibieron la relevancia de prestar atención al consejo materno:

La mujer de Manoa y madre de Sansón (Jueces 13): A pesar de que en la Biblia no se menciona su nombre, sin duda, la corta mención que se hace de ella, nos induce a una buena reflexión. La madre del famoso juez era temerosa de Dios y obediente. Si no fuera porque ella aceptó la orientación divina, probablemente Sansón no habría avanzado ni una décima parte de lo que avanzó en su trabajo como libertador de Israel de la opresión madianita.

La fervorosa y paciente madre de Samuel (1 Samuel 1): Seguramente el profeta Samuel debe haber heredado mucho del carácter de su madre Ana. Ella desafió las dificultades de la convivencia con su marido bígamo, con la envidia de la otra mujer y con la incomprensión de los propios líderes religiosos. Se la conoce por su oración sincera, y podemos agregar también, por su paciencia. En vez de desistir ante las primeras dificultades, perseveró porque tenía un foco.

La sunamita, amiga de Eliseo (2 Reyes 4): Otra que no tiene su nombre registrado, pero quedó la marca de su ímpetu en favor de ese hijo. Designada solo como sunamita, esa mujer no midió esfuerzos para que su hijo fuera resucitado por el profeta Eliseo. Ella misma hizo un viaje de cerca de 25 km hasta donde estaba el profeta porque creía en el poder divino para dar vida. Aparentemente no tenía mucho sentido lo que ella hacía. Pero realmente era una madre de una fe profunda y consistente.

La madre de Timoteo (2 Timoteo 1:5): Aquí la descripción es muy breve, pero lo que se dice de Eunice, la madre del líder cristiano Timoteo, un discípulo del apóstol Pablo, es bastante enriquecedor. Pablo dice que la fe de Timoteo no era fingida como el ejemplo de su madre y el de su abuela. La influencia de Eunice para su hijo fue probablemente imprescindible para que él llegara a ser un líder respetado en la comunidad cristiana primitiva. Sobre todo al considerar que posiblemente su padre, ya fallecido, quien era griego y según se cree, no era cristiano. Aquí se ve el papel de una madre consciente de su deber como líder espiritual.

Esos son solo algunos ejemplos. Hay muchos otros que merecen nuestra lectura y estudio. Pero al leer esas historias bíblicas me siento motivado al ver que Dios preservó en su Palabra la inspiración de la vida de madres que, además de demostrar amor incondicional por sus hijos, fueron pilares importantísimos para el éxito de ellos en todos los aspectos de sus vidas.

Por eso las madres son una pieza clave para comprender la salvación del ser humano. Las características de las que se dejan conducir por Dios ilustran muy bien el interés del Creador que va hasta las últimas consecuencias para redimir a quienes él creó.

 

 

 

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