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Felipe Lemos

Felipe Lemos

Realidad Enfocada

Datos y fechas analizadas bajo un punto de vista bíblico.

El dilema de la pena de muerte y la Biblia

El sábado 17 de enero del 2015, es una fecha marcada por un hecho de repercusión internacional y que nos lleva a todos, inevitablemente, a una reflexión. Marco Archer Cardoso Moreira, de 53 años, fue el primer brasileño, en la historia reciente, en ser ejecutado en un país extranjero. La ejecución fue en Indonesia. Moreira había sido encarcelado en el 2003 y condenado en el 2004 por tráfico de drogas. Además de él, el gobierno de aquel país ejecutó a otras cinco personas.

No es mi propósito aquí analizar específicamente el caso del brasileño porque eso ya lo han hecho especialistas en el área de derecho internacional. Quiero pensar de manera más amplia sobre la aplicación de la pena de muerte por medio de autoridades gubernamentales y cómo el tema es analizado desde el punto de vista bíblico.

En análisis rápido, se puede ver que el tema causa mucha polémica en varias áreas del conocimiento humano: derecho, política, sociología y religión. El uso de la pena capital como castigo de crímenes es una realidad en crecimiento. En el 2013, según Amnistía Internacional, hubo 778 ejecuciones en el mundo, 96 más que en el 2012. El número de las personas condenadas a muerte fue de 1.925, en 57 países, por decapitación, electrocución, ahorcamiento, inyección letal y fusilamiento (como en el caso del brasileño en Indonesia). Además, se calcula que existirían más de 23 mil personas en los llamados corredores de la muerte en todo el planeta.

Resultados cuestionables

Por lo menos un estudio publicado por la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences estima que el 4,1% de los condenados a muerte en los Estados Unidos (donde 35 estados adhieren a la pena de muerte) son inocentes; una de cada 25 personas condenadas.

No encontré datos consistentes que den fe de la disminución de la violencia o de la criminalidad en los países o regiones en los que se aplica la pena de muerte. Al contrario, se habla mucho sobre lugares que han abolido esta medida, sobre los gastos exorbitantes para el proceso e incluso se habla de algunos estados norteamericanos que aún mantienen la pena y que han registrado el doble de crímenes.

En la Biblia

Si miramos ahora a la Biblia, es interesante ver la necesidad de comprensión de los textos del libro sagrado del cristianismo dentro de un contexto. Es verdad que hay citas en las que Dios ordenó muertes directas y otras por medio del pueblo de Israel.
En todas ellas, es necesario, sin embargo, comprender tres aspectos. El primero, es que Israel en ese período se valía de líderes que funcionaban como mediadores (patriarcas, gente como Moisés, Josué, los jueces, etc.), en relación con el pueblo en general. Y no se puede evaluar a Dios de la misma manera que a los seres humanos, ya que él es el Creador y no el hombre. El mandamiento de Éxodo 20:16 prohíbe matar. El conocido teólogo Ángel Rodríguez, en un artículo publicado en el sitio del Biblical Institute Research, señala que “el uso del verbo ratsach (matar, asesinar), en el sexto mandamiento parece estar restringido al homicidio ilegal. Nunca se utiliza para referirse a la pena de muerte o al acto de matar en la guerra. Con respecto a la pena de muerte, encontramos el verbo hebreo môt (condenar a muerte). En el contexto de la guerra, se utiliza comúnmente el verbo harag (matar, quitar la vida). Por lo tanto, el mandamiento no debería ser utilizado exclusivamente para determinar si la guerra o la pena capital son justas o injustas”.

Además, queda claro que la medida de la pena de muerte adoptada por Dios en algunos casos específicos nunca fue una regla ideal. Se trató de medidas extremas con finalidades bien claras para los pueblos que dependían mucho de ese tipo de acción didáctica para aprender lecciones espirituales de obediencia en diferentes aspectos (rebeliones, transgresiones de los mandamientos como se lee en Números 15:32-36, Números 16, entre otros).

Y también tenía que ver con la capacidad de Dios de percibir cuando determinados pueblos pasaban los límites de la misericordia y se convertían en claros opositores de los propósitos divinos de ocupaciones de territorios y el avance de la obra en el mundo (ejemplos en Deuteronomio 20:16-18 y 1 Samuel 15:1-35).

Es importante saber que, en el caso de los pueblos denominados cananitas y que fueron grandes obstáculos en el plan de Dios con el pueblo israelita antiguo. Ya se habían hecho diversos esfuerzos de concientización directa divina hacía tiempo (vea, por ejemplo, Génesis 15:16).

¿Y hoy?

La Biblia declara, en textos como Romanos 13:4 y 1 Pedro 2:13,14, que las autoridades humanas constituidas tienen la responsabilidad y el derecho de aplicar penalidades sobre los ciudadanos. No es una atribución de las iglesias.
No encuentro, sin embargo, razones para la aceptación de la pena de muerte como medida espiritualmente viable tal como ocurría antes. Ya no vivimos en una sociedad teocrática y hay, según la Biblia, (especialmente a partir de las enseñanzas de Cristo y sus discípulos), una forma de diferente para que Dios cumpla su plan de evangelización en los tiempos actuales. Es el mismo Dios que actúa de manera diferente de acuerdo con los diferentes contextos.

Pero no podemos olvidar que la Biblia también prevé la muerte de quienes no se arrepienten (la llamada segunda muerte mencionada en Apocalipsis) al final de la vida o de los tiempos. Ese es el juicio final que pondrá fin a un mundo de pecado. Además, solamente Dios es quien conoce profundamente los pensamientos y las intenciones de cada ser humano y solo él puede decir por qué algunos pasan por ese tipo de situación y qué lección pueden aprender de una circunstancia tan adversa como esa.

Una cosa sí es cierta. Dios nunca encontró placer en la muerte de los seres creados, pero utilizó diferentes métodos para las distintas realidades y percepciones. La pena capital aplicada hoy por los hombres es una cuestión bastante compleja para la mente humana.
Pero no lo es para la mente divina que juzga todo…

“Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).

 

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