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Fábio Bergamo

Fábio Bergamo

Marcas & Marcas

El marketing y su relación con la religión.

¿La solución es consumir?

El pueblo esperaba una palabra de esperanza. En esos momentos difíciles, cuando las estructuras más básicas de una sociedad que en otro tiempo era fuerte y orgullosa estaban en decadencia, el discurso del líder tal vez fuera el alivio tan esperado.

George W. Bush estaba listo para dar su discurso, poco tiempo después de las amarguras del 11 de setiembre y del inicio de la guerra anti terror. De manera bien enfática, el presidente de los Estados Unidos dejó un mensaje fuerte para su coterráneos. “No podemos dejar que el terrorismo alcance su objetivo de intimidar nuestra nación al punto de que no podamos conducir nuestros negocios, donde las personas no puedan comprar más, comentó. Y proclamó: “no dejen de consumir. Si deja de consumir está perjudicando su país”.

Los Estados Unidos de América fueron fundados como nación dentro de los puros preceptos del protestantismo. Los padres peregrinos se embarcaron en la Rocha Plymouth huyendo de la persecución religiosa que asolaba Europa, en el año 1620. A partir de ese momento comenzaba el desarrollo de un país que, basado en los principios cristianos, mostraba ser un baluarte para el mundo, casi un tipo de lo que Israel fue un día para las naciones del oriente. Y con ese desarrollo vino el poder. Y con el poder, el olvido de los principios orientadores de todo aquel comienzo.

La influencia que pasó a ejercer ese país en el mundo es incomparable. El imperialismo americano dominó el occidente en buena parte del siglo XX, con hegemonía después de la Segunda Guerra. Y el arma que se utilizó fueron los productos americanos, conducidos por la globalización. El America way of life [estilo de vida americano] invadió el mundo, lo que en el fondo era la vida de consumo de los productos que consumían los americanos. ¿Y quién no quiere imitar al que es el “mejor”? El mundo lo imitó.

Cuando el presidente Bush citó las frases impactantes en el discurso a la nación en el tiempo de guerra quedó todavía más claro cuáles eran los principios que orientaban al imperio. La salvaguardia contra el enemigo ya no era la confianza en Cristo, nuestro Salvador, sino el consumo. El consumo que resulta en dependencia, destrucción del medio ambiente, vidas superficiales… Un cambio profundo.

El consumo desenfrenado, un escenario pintado en este modo de vida, tiene el poder de ocupar el lugar de las cosas más importantes en la vida de las personas. Una vida tranquila es sinónimo de posesión de bienes. Muchos viven para consumir. Se gastan millones de dólares en proyectos que inducen a las personas a consumir cada vez más. Y en una vida basada en el consumismo, o en el vicio de consumir, las cosas vitales quedarán siempre en segundo plano. Y la guerra, del título de este texto, está expresada.

Sabemos el papel profético de los Estados Unidos en el fin de los tiempos (Apocalipsis 13:11). Imagino que este papel será todavía más amplio, porque todo el mundo vive bajo el amparo de este estilo de vida. En verdad, todo el mundo occidentalizado ya tiene el modelo capitalista de consumo como vital para su sobrevivencia. Nos restan algunas preguntas: ¿Existe espacio para las cosas de lo alto en este contexto? ¿De qué lado estaremos en esta heroica, aunque velada, batalla?

Para saber más:
Documentário “SURPLUS”. Una lectura artística sobre la superficialidad de la vida moderna, basada en el consumo desenfrenado.
www.youtube.com

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