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Fábio Bergamo

Fábio Bergamo

Marcas & Marcas

El marketing y su relación con la religión.

La construcción del fundamento

A Estratégia em Ação [La estrategia en acción], el consagrado best-seller del profesor de la Escuela de Administración de Harvard, Robert Kaplan y del experimentado consultor David Norton, comienza con una historia interesante. “Imagínese en un avión donde, al tener la oportunidad de conversar con el piloto comandante, usted descubre que este no usa correctamente todos los instrumentos de la cabina, como el altímetro o el medidor de combustible. La única preocupación de él es la velocidad del aire. El piloto, al recibir su objeción, justifica su falta de atención a las centenares de lucecitas y marcadores del panel de un gran avión comercial, diciéndole que “no se puede concentrar con tantas cosas al mismo tiempo” (p.2). Con seguridad usted, así como yo, quedaría preocupado, por no decir asustado.

En toda mi vida profesional y académica, ya sea en mis clases sobre estrategia o en consultorías y en proyectos de planificación estratégica, siempre escuché algo similar a “planear es importante, pero actuar es vital”. Muchos usan ese abordaje para justificar sus acciones, la mayoría de las veces hechas sin pensar, en la gestión de alguna empresa, departamento o proyecto. Los resultados, casi siempre, son catastróficos o simplemente no cambian nada.

Planificar es, sobre todo, una ciencia. Pasos bien definidos que hacen que los planes de desarrollo lleguen a ser realidad. Actuar es vital, pero actuar sin planificar es como un piloto que no sabe usar los instrumentos básicos para dirigir una aeronave. Y el primero de esos instrumentos es la misión.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene una misión bien clara: “llevar el mensaje del evangelio eterno (Apocalipsis 14:6-12), con la invitación de aceptar a Jesús como Salvador personal y a unirse a su iglesia a fin de prepararse para su pronta venida”. Pero no es suficiente que solo la organización superior, la Asociación General, esté orientada hacia esa misión. Cada iglesia local debe planificar sus acciones en torno de esa misión.

Después de la misión, el segundo pilar de una planificación es la visión, dónde se espera llegar. Un buen objetivo, con un plazo bien definido significa que la organización sabrá exactamente dónde llegar. Diferente de la misión, cada iglesia local debe desarrollar su visión de futuro. Debe decidir, en comisión, cuáles son los grandes objetivos que tiene frente al avance de la misión, pero en su realidad, ante la región, el estado, la ciudad, el barrio, el vecindario donde está instalada. Las estrategias de cómo llegar allá deben ser decididas localmente. Todo dirigido hacia la misión y dentro de las grandes metas de la iglesia.

Ejemplos de visión pueden ser: “Alcanzar el 80% de las familias del barrio hasta el próximo año”; ser reconocida todavía este año como amigos de la salud integral de la comunidad”; tener “XX” grupos pequeños, con el 50% de participación de invitados no adventistas en dos años”. Teniendo presente siempre la misión mayor y los proyectos mundiales de la IASD.

Las preguntas que se deben hacer para reflexionar son: ¿Su distrito o iglesia hizo una planificación o simplemente las acciones se realizan sin un pensamiento previo? ¿Hay una buena definición de visión, con un plazo definido para alcanzarla? Con eso, la planificación para las actividades cotidianas de todos los departamentos, desde evangelismo al ministerio joven, estarán con una orientación bien definida. Como una máquina bien equilibrada, donde todos los indicadores estarán encaminados por un solo camino. ¡Y nunca más nuestros pilotos quedarán a la deriva!

PARA LEER, VER Y OIR MÁS

Libro A Estratégia em Ação [La estrategia en acción], de Kaplan y Norton: http://books.google.com.br
Video-clase “Planejamento Estratégico: Missão, Visão e Valores” – Telecurso TEC (Gobierno del Estado de São Paulo): http://www.youtube.com

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