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Fabiana Bertotti

Fabiana Bertotti

En la Vida Práctica

Periodista y escritora, quién escribe en este espacio sobre el comportamiento humano.

Usted tiene derecho de estar triste

Cuando estoy triste me siento inapropiada. Tal vez suceda lo mismo contigo. No bastarían todos los sentimientos dolorosos de estas nuestras tristes intermitencias, además viene la culpa de no estar haciendo la cosa correcta. Sí, es muy erróneo estar triste en nuestros días. Estuve leyendo sobre eso en los periódicos y en las revistas. Lo vi también en unos libros y en la TV. Si busca, hasta en Youtube lo encontrará. Está prohibido. Como las hombreras en las mujeres o medias de colores con tacos altos. Prohibido como no combinar cinto y zapato. De acuerdo, no es tan prohibida así la no combinación, pero usted queda fuera de moda, y estar fuera de moda no está bien, no es adecuado, ¿entiende?

Entonces, como iba diciendo, la moda ahora es ser feliz. Todo bien no está de verdad con usted, pero no puede, de ninguna manera, dejar que eso se sepa. Lo correcto que debe hacer es expresar su mejor sonrisa, fotografiar, posar y después volver a sufrir con su dolor; pues el mundo no quiere saber de personas que no sean felices. Todo el tiempo es el caso. ¿Vio que tengo razón en sentirme inapropiada? Es que alguien, en algún momento, determinó que solo existe la felicidad y si usted está triste es de mal gusto, grosero, derrotado e ingrato también. Y, sabe cómo es, yo estoy triste de vez en cuando.

Desconfío que más gente también se siente triste pero no lo demuestra. La vida tiene de esas cosas, un día feliz, otro triste, una semana buena, otra no tanto. Pero se estableció que no, no puede haber otro estado que no sea de perene felicidad y éxtasis. Creo que andar mintiendo y que la euforia es continua es algo imposible, y en el caso que lo sea me deja más inadecuada todavía. No es que quiera exhibir mi cara triste o llorosa al mundo, ¡no! Solo no quiero tener que mentir, también, haciendo parecer que soy feliz todo el tiempo, y no lo estoy. Además, no soy mentirosa.

Cuando acepto mi tristeza, mis pequeños o grandes dolores, salgo de esa indecisión cinematográfica, acepto mi tamaño en el mundo, mi flaqueza y necesidad de algo mayor que yo, que corro el riesgo de olvidar cuando estoy muy, muy feliz. De ahí, insignificante, me descubro corriendo a los brazos del Único que puede elevarme el nivel, el humor, el sentimiento. No es que usted necesita quedar siempre triste para encontrarlo, pero yo necesito de algunas caídas para dejar que me levante. Sabe cómo es…

Solo que en este nuestro mundo de apariencias, incertidumbres e incoherencias, solo se da valor a quien tiene un perfil feliz, aunque no lo sea, y cada uno con sus dolores se van hundiendo en sus rincones, avergonzados de su tristeza inadecuada. Cosa mediocre esa. Y claro, ¡si no vivo en un mundo perfecto, todavía! ¿Por qué tendría que ser perfectamente feliz todo el tiempo? No lo soy, pero… algún día, lo seré.

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Comentarios

  • Estar triste, pero mostrar alegría es hipocrecía, sinónimo de engaño de apariencias y el 9º Mandamiento dice “No dirás falso testimonio” ni aún con tu rostro.

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