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Emanuele Salles

Emanuele Salles

Imagen & semejanza

Belleza y vestimenta analizados según los critérios de la Santa Biblia en un lenguaje más informal.

Cristiano con baja autoestima

Considero gracioso cuando las personas dicen: “yo tengo autoestima” o “yo no tengo autoestima”. En realidad TODOS tienen la estima propia, lo quieran o no. El problema está cuando esta estima, valor que nos damos a nosotros mismos, está denigrada. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española (RAE), autoestima es la valoración de sí mismo, generalmente positiva. Y, de acuerdo con la Biblia, el tema es más profundo de lo que parece ser. Dios nos muestra que la única forma de amarnos a nosotros mismos es dejando de pensar solo en nosotros mismos. ¿Cómo es eso? ¿No sería una contradicción? No. Es que su sabiduría trasciende la lógica humana. “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).

Lo interesante es que no encontramos en la Biblia ningún texto que hable sobre autoestima. ¿Sabe por qué? Porque el amor propio es algo muy obvio para Dios, es un reflejo indiscutible del amor que sentimos por él. “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:8). ¿Nunca pensó en este texto en el ámbito personal? Pues comience a pensar. Entonces, para Dios ES CLARO que usted se amará si lo ama primero. Ahí está la importancia de quitar el foco de sí mismo y mirar hacia arriba, pues esa es la única forma de levantar la cabeza sin quedar con la nariz parada.

Algunos dicen que la baja autoestima es lo que el orgulloso siente al no ser aplaudido. Creo que esa es una excelente definición. Vivir a la espera de reconocimiento y elogios es cavarse un pozo a sí mismo y ser enterrado con un montón de decepción. Los aplausos no deben ser el camino ni el objetivo, sino solo un premio espontáneo en la línea de llegada. Para Dios, también son obvios. “La mujer [y seguro que el hombre también] que teme a Jehová, ésa será alabada” (Proverbios 31:30). ¡Así de sencillo!

No olvide de que la forma como usted piensa en su corazón se refleja en la realidad. Ya conocí a una joven que tuvo la mitad del rostro quemado, pero que se consideraba linda, aunque tenía una cicatriz gigante en el rostro. No se incomodaba por eso. Era querida y simpática con todos. Ella sabía amar y tratar bien a las personas, su sonrisa era atractiva. ¿Y quiere saber cómo la veían las personas? Maravillosa. Y no la elogiaban por piedad, de ninguna manera. Inclusive ella era muy popular y admirada por los jóvenes. Aprendan: no hay barriga plana o piel de durazno que supere un corazón inclinado al amor y a la felicidad.

Mirar el espejo y ver una imagen más que lo obvio es un gran paso para la aceptación y felicidad. Un niño publicó en su perfil de Facebook: “por lo menos mi mamá me considera bonito”. Enseguida abajo, el comentario inesperado de ella: “No lo considero así, no”. No se conforme con el pensamiento de que por lo menos su madre lo considere lo máximo, porque puede ser que ni ella sea tan optimista (¡puede creerlo!). La valoración debe comenzar por usted mismo. El amor propio es algo accesible. ¿Pero cómo? Vamos a descubrirlo de manera práctica en el párrafo siguiente.

No me gustan las frases imperativas de autoayuda que dicen cosas del tipo: ámese, supere las adversidades, vea el lado bueno de la vida, deje los traumas… Como si fuera tan fácil. Eso solo es posible por medio de actitudes diarias que son muchas veces ignoradas. Consejos que realmente tienen sentido son: busque a Dios en la primera hora de la mañana, agradézcale por algo de su día, sonría al portero, ríase, no cierre sus ojos ante el sufrimiento del mendigo de su barrio, alimente un animal de la calle. Al practicar esas cosas, usted estará actuando como Dios actuaría. Y ya que él es la esencia pura del amor, ese sentimiento dominará su ser. Será imposible no amarse, ya que usted será como el amor personificado.

 

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Comentarios

  • Silvia Verónica

    Excelente artículo, me refresca la autoestima, el enemigo se empeña en tirarme al suelo, pero Dios ha puesto su amor en mi como escudo para protegerme y sostenerme en pie.

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