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Diego Barreto

Diego Barreto

El Reino

Vivir ya el Reino de Dios mientras él todavía no volvió. Una mirada cristiana al mundo contemporáneo.

Esto cambia todo

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Cuando comprendemos que Jesús está todo el tiempo a nuestro lado, todo es diferente.

Intente leer este texto solo, en un momento de reflexión personal. Las palabras son muy limitadas. No pueden expresar completamente muchas de nuestras propias experiencias o las realidades del mundo. Busco palabras para describir lo que necesito que usted entienda en este texto, e intentaré solo con las que tengo.
Para el cristiano, puede ser que esta reflexión sea recurrente. Independientemente de eso, es la más necesaria. ¿Se ha imaginado qué pasaría si Jesús estuviera ahora ahí, con usted, en el mismo lugar donde usted está? Yo sé. Usted diría “claro” y bla bla bla. Pero quiero desafiar su conciencia. No estoy diciendo que se imagine al personaje Jesús que usted creó en su cabeza a lo largo de los años. Quiero que se imagine alguien de verdad.

Si se abriera la puerta del lugar donde está y cruzara alguien de verdad, todo su estado actual, leyendo este artículo, se vería alterado. Imagine que es alguien que usted no ve hace mucho tiempo. Ahora deténgase e imagine qué haría si fuera cualquiera de estos personajes: un amigo molesto, un policía, su médico, su padre, su hermano o hermana. ¿Cómo sería? ¿Seguiría leyendo? Los ignoraría y continuaría en sus pensamientos. Aunque así fuera, primero tendría que hablar con ellos.

La presencia de alguien que se ama genera verdaderas reacciones. Las reacciones falsas o ensayadas, como en un culto vacío y formal, indican ausencia de la conciencia de esa presencia o la falta de amor por quien está presente. Por lo tanto, si usted imagina a Cristo presente, pero eso no genera verdaderas reacciones, es porque para usted él no está verdaderamente presente. Soy pastor y muchas veces ya viví, y todavía vivo, en medio de mis tareas, sin darme cuenta de que él está allí. ¡Pero está! Prometió que estaría “hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Si Cristo está allí donde usted se encuentra, escalofríos es lo mínimo que usted puede sentir. Si él está realmente ahí ahora, todo tiene que cambiar, desde lo que nos aventuramos a pensar, hasta la manera en la que miramos y tratamos a los demás. Si él está ahí ahora, nuestras decisiones, palabras y acciones no pueden aparecer sin tomar en cuenta esa presencia. La presencia de Rey impone su Reino. Es imposible estar delante del Soberano y no aceptar su reinado. El Reino está donde él está. El problema es que vivimos como si él estuviera siempre “allá”, lejos. Estamos aquí mientras él está “allá” en el cielo. “Allá” con los pobres. “Allá” en el Trono. “Allá” en la iglesia. “Allá” con un tal fulano que es santo. “Allá”.

Ahora entienda: donde quiera que usted esté, él está ahí con usted. “Aquí” conmigo. No intente imaginar a su personaje “Jesús”. Él es independientemente de lo que pensamos de él. Pero de hecho está ahí. Con sus ojos en usted, con sus expectativas en lo que usted hace y es. Con su cuidado, amor y paciencia. No sé cómo tiene los ojos; sé que sus manos están heridas, pero tampoco sé cómo es. Sea lo que sea, hoy sé que él está aquí, ayudándome a escribir este texto. Y usted ¿lo ve por ahí?

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