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Diego Barreto

Diego Barreto

El Reino

Vivir ya el Reino de Dios mientras él todavía no volvió. Una mirada cristiana al mundo contemporáneo.

El otro chasco

o-outro-desapontamentoUno de las historias emblemáticas del cristianismo protestante es un evento de los comienzos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, llamado el Gran Chasco. Un movimiento que nació al redescubrir el regreso de Jesús después de más de un milenio sin la presencia de esta esperanza entre nosotros. No nos engañemos, este redescubrimiento es muy reciente. Hacia fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con la popularización de los textos bíblicos y la proliferación de la educación (al ofrecer las condiciones para leer a la mayoría de las personas) se redescubrió la gran promesa en las Sagradas Escrituras. No es de extrañar que este movimiento responsable de dar a conocer la idea en América del Norte y más tarde en otros lugares en el mundo, haya escogido el nombre “Adventistas”. La peculiaridad del nombre reside en la singularidad de la promesa de advenimiento. Destacar esa palabra en ese momento tenía una inmensa relevancia, que hoy en día, ya acostumbrados a la idea de que Cristo volverá, puede pasar inadvertida. El énfasis está en la importancia que el tema tuvo para toda la cristiandad de la época.

Es cierto que el movimiento, en determinado momento, cometió el error de fijar una fecha para el regreso de Cristo: el 22 de octubre de 1844; el famoso Día del Chasco. Pero también es cierto que gracias a este error y todo el buzz [ajetreo] que ocasionó en el momento, este mensaje se difundió en todo el país. Si no fuera por el intenso deseo de ver a Cristo volver en un tiempo muy próximo a esos días, tal vez el fuego no se habría expandido tan rápida y eficientemente. Pero de toda la relevancia que tuvo para el cristianismo, se perciba o no, todavía hay un detalle muy importante que debe destacarse: este gran chasco se presenta en la profecía, especialmente en Apocalipsis capítulo 10.

Sin embargo, esta columna no trata sobre el adventismo; aquí quiero hablar del Reino de Dios. Y en este caso, hay otro chasco que me preocupa. Otro chasco que también es profético y en la secuencia de Apocalipsis 10 (22 de octubre de 1844). Pero esto no se relata en Apocalipsis sino en Mateo, capítulo 7. Al final del Sermón del Monte, el discurso más conocido de Cristo y la declaración más grande del Reino, profetiza acerca de lo que sucederá en el día de su regreso. Por lo tanto, es aún un evento futuro. Lea Mateo 7:21 -23:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Esta escena es un puñal en el estómago, una fuerte descripción del chasco que muchos tendrán en el gran día del Señor. Personas que se consideran cristianas en nuestro mundo, que pasaron sus vidas inmersas en la religiosidad, digo más: una vida activa en la religiosidad. Pero que, a pesar de todos los esfuerzos formales y visibles, no conocen a Cristo. Ninguno de nosotros, los cristianos, podemos escapar de la apelación de esta escena, puede ser usted o yo aquí. El texto podría expresar algo que yo diría: “Pero Señor, he sido pastor, escribí en la columna El Reino, hice esto o aquello” y aun así Jesús no me conocerá. La discrepancia de esta escena denuncia la diferencia de nuestras vidas. Es posible parecer y actuar como un súbdito, sin siquiera conocer al Rey.

La pregunta más importante para mí y para usted ahora es evidente: “¿Cómo no vivir el más grande de todos los chascos”? El propio Cristo da la respuesta. Afirma que al no conocer al súbdito lo quitará del Reino. ¿Qué significa ese “conocer”? Usted puede pensar que es conocimiento bíblico, o conocimiento subjetivo (experiencias personales con Cristo), pero la Biblia deja en claro lo que produce este conocimiento. La misma escena se describe más adelante en el ministerio de Jesús en Mateo 25:31-46 donde añade más detalles. Dice que a quienes conoce, los conoció cuando trataban de amar a su prójimo. 1 Corintios 8:3, explica que “si alguno ama a Dios, es conocido por él”, pero aún más claro es el texto de 1 Juan 4:8 donde se declara que “el que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.

Así que aquí está el primer elemento de un verdadero discípulo de Cristo. No es lo que hace para la iglesia, ni cómo está contra el diablo, ni lo que hace a favor del evangelio, sino ser conocido por Dios y conocerlo, amando como él nos amó (Juan 13:34 -35).

Por favor, no descuide este aspecto, es la característica más importante de Dios que un cristiano debe imitar. Más que aprender himnos nuevos, más que hacer milagros, más que conocer todos los textos de la Biblia, más que profetizar, es aprender a amar. Sin esto no tenemos nada de Cristo, a tal punto que él mismo declara no conocernos. Sin amor, estamos pensando que apuntamos para el Cielo y en realidad miramos hacia el infierno. El chasco será grande para quienes esperan a un Dios que no conocen. Conozca a Dios, él es amor.

Hay dos consejos de Cristo para evitar este otro chasco, pero de ellos hablaré en el próximo texto. ¡Hasta entonces!

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