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Carolyn Azo

Carolyn Azo

Desafíos espirituales

Reflexione sobre las vicisitudes de la vida en su caminar diario con Dios y sepa que aún existe esperanza.

Un viaje a lo desconocido

Foto: shutterstock

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Hace más de 10 años que ejerzo mi carrera como profesional de comunicación, y jamás había visto tanta desgracia una detrás de la otra. Seré clara y directa. Este año me ha sorprendido mucho más que los otros. Es simple, es solo leer los titulares de los principales medios de comunicación del mundo para que reflexiones y te preguntes a ti mismo si estás preparado para lo peor. En unas cuantas semanas cinco huracanes: Harvey, Katia, José, María y Nate han afectado gran parte de las islas del caribe y los Estados Unidos. Dos terremotos en México de alta intensidad y sus innúmeras réplicas han cobrado la vida de decenas de personas.

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Por si fuese poco, volcanes en centro américa están alertando a las comunidades vecinas del peligro que corren por sus fuertes erupciones; corrupción incontrolable en varios de nuestros países, violencia no en Oriente Medio, sino en países Latinoamericanos; millones de refugiados y miles de expatriados, una creciente y desenfrenada desobediencia del hombre hacia Dios faltándole en el matrimonio, y en una supuesta búsqueda por la identidad, etc. Y por si eso no bastase personas culpando a Dios por las desgracias de este mundo, como masacres violentas en los Estados Unidos y oriente Medio. Sin contar las devastaciones dejadas por el desenfreno de la naturaleza.

Me siento triste cuando leo comentarios como “¿Dónde está Dios que no se acuerda de los niños?”, “No existe Dios”, “Son los castigos de Dios”. Estoy cansada de leer ese tipo de comentarios en las redes sociales. Encima de que somos injustos y pecadores, hay gente que le reclama a Dios de esas desgracias y le echa la culpa. Definitivamente, cuánta ignorancia de la Palabra de Dios existe hoy en día. En el libro de Ezequiel 18:32 la Biblia dice: “No me complazco en la muerte del que muere- dice Dios, el Señor-.Convertíos pues y vivid”.  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16. ¡Cuánto amor de Dios para con sus criaturas!

Lo que más me sorprende de todo es la misericordia de Dios para con la raza humana. Un Dios de amor viendo desde el cielo las iniquidades que cometen sus criaturas por las cuales Él murió y sufrió humillación en esta Tierra, echándole la culpa de sus desgracias. Reclamando, cuando la raza humana debería abrir sus ojos y ver que todo lo que está sucediendo son señales de alerta de que la misericordia de Dios está por terminar, y que como dice la Biblia: “No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre” (Génesis 6:3). Si fuese un ser humano gobernando el mundo, creo que ya hubiese destruido la Tierra por completo y a todos sus habitantes, porque es así que muchas veces piensa la mente humana.

Sin embargo, la raza humana no se da cuenta quien está detrás de todas esas desgracias, ¡Qué tremendo! Sepan que es el mismo diablo y satanás quién engañó a Eva en el huerto del Edén. Sí, ese ser existe con sus millones de ángeles y él tiene poder para traer esas catástrofes naturales sobre la Tierra, porque quiere destruirla. Pero Dios no se lo permitirá.

Dios no se complace al ver a un bebé llorando al ser arrebatado de los brazos de su madre para ser vendido, o secuestrado ¡Claro que no! Recordemos que el príncipe de este mundo es Satanás, porque los seres humanos le hemos dado cabida en nuestra vida. Pero bendita sea la misericordia y la gracia de nuestro Salvador Jesús, que vino a este mundo para poner en práctica el plan de salvación; murió colgado de un madero, resucitó venciendo a la muerte y viene por segunda vez a llevar consigo a todos a los que acepten por GRACIA su salvación. Disculpen, no hablo de esa gracia barata de la cual habla el mundo, que dice que puedes hacer lo que quieras que Dios te perdona, ¡No! Hablo de la gracia que Dios nos ofrece al ser obedientes a la Ley del amor.

Si pretendemos vivir junto a Dios y a los santos en las mansiones celestiales, no esperemos tan increíble verdad si no nos hemos acostumbrado a vivir como santos en esta Tierra, creyendo, obedeciendo a Dios y amando a nuestro prójimo.

Yo prefiero decir que soy salva por Cristo, que salva por las obras, porque salvación por obras es imposible.

Amigos, hoy más que nunca, al escuchar las señales de alarma de los acontecimientos de este mundo, mantengámonos vigilantes porque Cristo viene pronto. Pero sepan o recuerden que primero se ha de manifestar el hombre de pecado y ese hombre está preparando el camino. Escudriñemos más las Escrituras, porque en ellas está la vida eterna. ¡Maranatha!

 

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