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Carlos Nunes

Carlos Nunes

Ética Práctica

Temas relacionados con la ética bajo el punto de vista Cristiano y los dilemas que enfrentan las personas en la vida cotidiana.

Marketing, fama, redes sociales: antítesis del reino

Cada vez estoy más convencido de que las acciones promocionales dentro del llamado marketing, ya sean estas personales o institucionales, configuran la antítesis de los principios del Reino. Parafraseando una de las declaraciones contundentes de Cristo en su discurso más famoso, el Sermón del Monte, el Maestro dijo: “Dios conoce lo que hacemos en secreto y él se encargará de reconocerlo en público”. Para que no surjan dudas, esa declaración de Jesús se repite dos veces en el sermón, en el contexto de dar limosnas y de ayunar, justamente son acciones que en principio no presuponen publicidad. También percibo ese principio cuando se reconoce como bíblica la verdad de que actos espirituales no llevan en sí mismos méritos humanos. Dicho en otras palabras con más claridad, ¿por qué aprovechar una excusa promocional si el mérito no nos pertenece?

Para corroborar la idea, sugiero un estudio sobre el uso de la palabra “fama”, ya sea en el uso del original griego del Nuevo Testamento o cuando aparece en la traducción para el español/portugués de otras palabras griegas. En el comienzo del ministerio público de Cristo, cuando realizaba milagros de restauración de los enfermos, confirmando uno de los pilares de su programa de gobierno (enseñanza, predicación y curación), Jesús tenía la costumbre de orientar a los beneficiados a que no publicasen esos hechos, o sea, que no salieran a contar a los cuatro vientos, “viralizando” para ser más moderno… Hagan lo que recomienda la ley y eso es suficiente, muchas veces era su consejo. Aquí parece haber un principio que viene confirmando esta comprensión que me está convenciendo…

Claro, era difícil imaginar que alguien curado de lepra ¡pudiera permanecer en silencio! Era mucho más que una curación física. Era una curación que reincorporaba a alguien definitivamente segregado por impureza, pecado y enfermedad. Nadie en su sana conciencia quedaría callado. Así que, poco a poco, la “fama” de sus actos fue creciendo más y más. No era la intención de Cristo, porque había un camino por recorrer que no implicaba estrategias, ni tampoco endomarketing.  Fue tanto que, de la mitad hacia adelante de su ministerio, Cristo ya no aconsejaba más el silencio. Los hechos mismos se encargaban de publicitar el ministerio del Mesías y eso, sí, cumpliría una agenda publicitaria profética.

Confieso que me incomoda esa intencionalidad “marketinera”, especialmente cuando se manifiesta por las redes sociales. Se han transformado en un espacio triunfalista que replica, replica y replica frases hechas y de efecto, consejos y principios como una competición por el trofeo de la originalidad y la creatividad. Se han transformado en la cartilla del buen cristianismo, como algo del tipo “haga lo que yo hago y lo que escribo”. Cuando eso se institucionaliza, entonces, a mi juicio, incorpora un “que” de “perfección” que solo hace aumentar la distancia entre la Iglesia real y la Iglesia ideal.

No quiero desemplear a nadie, mucho menos juzgar intenciones pues no me corresponde, hasta porque un amigo me comentó que el problema tal vez no sea directamente el marketing como concepción mercadológica y ni promocional, sino el uso de esas herramientas para difundir los buenos principios con tacto, cuidado y parsimonia. Repito, lo que me hizo digitar estas líneas es la percepción del contraste entre la manera como Jesús trató su ministerio y cómo, muchas veces, percibo que las personas e instituciones tratan sus hechos.

A esto le sumo algo digno de resaltar como lo es el hecho de que las redes han viralizado un marketing personal e institucional que se ocupa más en refrendar funciones, puestos y acciones intramuros que en promover externamente una agenda positiva, sea personal o corporativa. Para esto, propongo, para finalizar, un ejercicio lógico: investigue en sus redes sociales, vea los tuits, links, compartidos y reenviados. Ellos recorren más una red interna que se repite, antes que trascender el circuito relacional/profesional/institucional. ¿No es verdad?

 

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