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Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

Más allá de la enseñanza

Frase de resumen de la columna: Reflexiones sobre aspectos de la vida diaria a partir de la Teología, Educación y Ciencias de la Religión.

El tiempo no logra borrar la verdad

o-tempo-nao-consegue-apagar-verdadeAlgunos años atrás, una noticia impactó las redes sociales: El ADN en colillas de cigarrillos guardados por 24 años desvenda un crimen en los Estados Unidos. ¿Qué había sucedido? Un policía jubilado ayudó a descubrir un antiguo caso de asesinato que lo había atormentado durante toda su carrera gracias a colillas de cigarrillos guardadas por 24 años. El detective Tom Goodwin no logró encontrar a los responsables del homicidio de Samuel Quentzel en 1986, cuando fue muerto a tiros dentro de su automóvil frente a su casa, en Long Island, Nueva York.

Pero Goodwin insistió que fueran guardadas cuatro colillas de cigarrillos encontradas durante la investigación del crimen, esperando que algún día ellas pudieran identificar los asesinos. Más de 20 años después, gracias a los avances en la tecnología de la identificación de ADN y a la expansión de los bancos de datos con informaciones genéticas de criminales, fue posible identificar a los hombres responsables del crimen.

Lewis Slaughter, de 61 años, fue condenado por asesinato de segundo grado y posteriormente sentenciado. “Yo nunca dejé de pensar sobre eso”, dijo Goodwin, quien se jubiló de la policía en el año 2000, al diario New York Daily News. “Siempre que investigaba un caso en Brooklyn o en Queens, yo comprobaba si un arma de 380 había sido usada, esperando encontrar una relación. Nunca tuve éxito”.

“La familia Quentzel perseveró por más de 24 años con la esperanza de ver a los asesinos de Samuel Quentzel enfrentar la justicia; y ese día finalmente llegó”, dijo la promotora pública en el caso, Kathleen Rice.

 Bases del noveno mandamiento

Esa historia nos muestra que, a pesar del tiempo, la verdad sale a la luz. O, como enseña el dicho popular, la mentira tiene patas cortas. Y cuando se habla de verdad, viene a la mente el noveno mandamiento de la Biblia, que afirma: “No hablarás falso testimonio contra tu prójimo”. Éxodo 20:16.

Hay por lo menos tres bases para este mandamiento:

1ª base para el noveno mandamiento: el valor del nombre de una persona.

Nuestra época es diferente de la época bíblica. En los tiempos bíblicos siempre se tenía en cuenta el significado del nombre, porque se consideraba importante. El nombre prácticamente determinaba los rumbos de vida de alguien. Aunque ahora nosotros no estemos tan preocupados con el significado del nombre, debemos estar preocupados de resguardar a la persona. Y las personas tienen nombre y apellido. Si conservamos la reputación de una persona, vamos a resguardar la memoria de su nombre.

Nuestro deber es ser veraces en relación a cualquier persona, para que el nombre y apellido de la persona esté resguardado de cualquier recuerdo malo. Muchas veces, es tan fácil divulgar alguna novedad sobre una persona, chismes, difamación, calumnias y rumores crueles, que no solo perjudican a la persona, sino también a su familia y a la iglesia.

–¿Sabes que Fulana…? Ella es tan metida. Sabes que ayer me contaron que…”

– “Ven, ¡te voy a contar la última! ¿Sabes que Sultana estaba en el centro de la ciudad el sábado de noche a las dos de la mañana? ¿Qué habrá estado haciendo?

Se cuenta que cierta vez un hombre fue al encuentro de un conocido filósofo llevándole una información que creía ser de su interés:

–Maestro, quiero contarle una cosa sobre un amigo suyo.

–Espera un momento –dijo el filósofo. Antes de contarme, quiero saber si hiciste pasar la información por los tres coladores.

–¿Tres coladores? ¿Qué es eso?

–Vamos a colar lo que tú quieres decirme. El primer colador es el colador de la VERDAD. ¿Estás seguro de que lo que me vas a contar es verdad?

–Bueno, fue lo que escuché contar a otros. No sé exactamente si es verdad.

–El segundo colador es el de la BONDAD. ¿Lo que me vas a contar es algo bueno en favor de mi amigo?

Avergonzado, el hombre respondió:

–Debo confesar que no.

–El tercer colador es el de la UTILIDAD. ¿Lo que me quieres contar es útil?

–¿Útil? La verdad, no.

–Entonces, si lo que me quieres contar no es verdadero, no es bueno y no es útil, entonces es mejor que te lo guardes.

Nuestra obligación es resguardar el nombre y la reputación de una persona.

2ª base para el noveno mandamiento: el valor de la palabra de una persona.

Lo que decimos, la manera cómo contamos las cosas, pone en evidencia el valor de nuestra palabra. Nuestras palabras tienen valor. Las palabras que pronunciamos dicen mucho sobre nosotros. Cuando dices algo, las personas necesitan confiar en lo que dices. Y las personas confían en lo que dices en la medida en que eres alguien que siempre dice la verdad, alguien que siempre cuenta las cosas de la manera que sucedieron; en la medida en que seas alguien que habla cuando debe hablar y calla cuando es necesario callar, tu palabra tiene valor.

3ª base para el noveno mandamiento: el valor de la propia verdad.

La ética situacional nos enseña que la acción en un determinado caso depende de la situación. Se puede justificar una mentira gigantesca, siempre, y cuando el motivo sea correcto. Los cristianos no pensamos así. Nosotros, los cristianos, entendemos que una mentira es una mentira, y no deja de ser mentira dependiendo de la situación. Y nosotros pensamos así porque entendemos que la verdad no debe ser negociada. La verdad no tiene precio. La verdad no depende de la necesidad.

El sabio Salomón tiene un discurso duro. Él afirma en Proverbios 12:22 “Los labios mentirosos son abominación a Jehová”. Una abominación es algo despreciable e indignante. El apóstol Juan afirma categóricamente que los que hablan mentiras no entrarán en la Nueva Jerusalén, no tendrán la vida eterna (Apocalipsis 21:27).

¿QUIERE DECIR QUE NO PUEDO Y NO DEBO SER SINCERO? ¿DEBO OCULTAR LA VERDAD SOBRE ALGUIEN?

Lo que está en juego en este mandamiento no es la sinceridad. Porque sinceridad no significa decir todo lo que pensamos y sabemos sobre alguien. Sinceridad implica ser transparente, pero también implica ser cuidadoso, ser leal, no destruir la reputación de alguien, respetar a las personas. Debemos ser verdaderos, y eso no quiere decir salir por ahí hablando todo a todos.

El problema de la mentira

 La mentira destruye la libertad y la dignidad de las víctimas. La mentira manipula, acusa, intimida. La víctima de la mentira se siente presa, atada por las circunstancias que se crearon contra ella. La víctima se siente sin salida.

La mentira perjudica la libertad de las personas que mienten. Una mentira conduce a otra, y después a otra, y después a otra. El mentiroso necesita pasar la vida mintiendo para cubrir los baches que él mismo abrió y en los cuales puede caer en cualquier momento.

La mentira destruye la confianza. Nadie logra engañar a todos durante todo el tiempo. Llega una hora que la verdad aparece, y entonces, el mentiroso pierde la confianza de las personas. Además, una persona que miente siempre desconfía de otros, porque cree que los demás mienten como ella.

La mentira destruye el sentimiento de valor propio del mentiroso. El que miente practica falsedad e hipocresía, y eso hiere el corazón del mentiroso, quitándole cualquier sentimiento de amor propio.

La mentira destruye nuestra relación con Dios. El mentiroso no se siente a gusto con Dios, porque por sobre todo Dios es verdad.

Personas verdaderas

Apocalipsis 14:3 menciona un grupo especial: los 144 mil. No viene al caso explicar quiénes son; pero una cosa es clara: una de las razones porque esos 144 mil disfrutarán del favor de Dios es que “no se encontró mentira en su boca” (Apocalipsis 14:5). En otras palabras, son personas que practican la verdad.

¿Eres una persona verdadera? En el fondo, fondo, todos tenemos una naturaleza que tiende a la mentira, al engaño; nadie es mejor que otros. En este momento, Dios te dice: “Hija mía, hijo mío, tengo para ti un lugar especial en mi reino. Pero mi reino es un lugar donde impera la verdad, porque YO SOY LA VERDAD. Por eso, vive de modo verdadero, en todo, hasta aquel día en que te llevaré para un lugar de eterna paz. Te prometo que voy a hacerlo. Mientras ese día no llega, cuenta conmigo para vencer tus dificultades y tentaciones. Yo estaré contigo todos los días de tu vida. Es la palabra de quien nunca miente”.

 

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