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Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

Más allá de la enseñanza

Frase de resumen de la columna: Reflexiones sobre aspectos de la vida diaria a partir de la Teología, Educación y Ciencias de la Religión.

Jesucristo: El mayor regalo de Navidad

Foto: Shutterstock

Hay una linda canción cristiana contemporánea titulada “Mary, did you know?” [María, ¿lo sabías?], de la autoría de Mark Lowry (letra) y Buddy Greene (música). El poema es bellísimo, y resume la extraordinaria historia de Dios que se hizo un bebé:

María, ¿sabías que tu bebé caminará sobre las aguas?

María, ¿sabías que tu bebé salvará a nuestros hijos e hijas?

¿Sabías que tu bebé ha venido para hacerte nueva?

¡El niño que has dado a luz pronto te libertará!

María, ¿sabías que tu bebé dará la vista a un ciego?

María, ¿sabías que tu bebé calmará la tormenta con su propia mano?

¿Sabías que tu bebé ha caminado por donde caminaron ángeles?

¡Cuando beses a tu bebé, besarás el rostro de Dios!

María, ¿lo sabías?

Los ciegos verán, los sordos oirán y los muertos volverán a la vida.

Los cojos saltarán, el mudo contará, las alabanzas del Cordero.

María, ¿sabías que tu bebé es el Señor de la creación?

María, ¿sabías que tu bebé gobernará las naciones?

¿Sabías que tu bebé es el Cordero perfecto del cielo?

¡El niño dormido que tienes en tus brazos es el gran Yo Soy!

Sí, Jesús fue un bebé. Pero, definitivamente, Él no era como los demás. Al final, ¿quién era Jesús?

La mejor manera de conocer y comprender a Jesucristo es leyendo los cuatro evangelios de la Biblia; en ellos podemos tener una vislumbre de la persona  y la misión de Dios Hijo[1]:

El Evangelio según Mateo presenta a Jesucristo como el Mesías, el Salvador que Dios había prometido enviar al mundo.

El Evangelio según Marcos anuncia la buena nueva acerca de Jesucristo, dando especial atención a su actividad constante y a su autoridad. El reino de Dios es un tema constante en Marcos.

El Evangelio según Lucas presenta a Jesús como el Salvador de toda la humanidad, y no solamente como el Mesías prometido por Dios a Israel.

El Evangelio según Juan presenta a Jesús como la Palabra de Dios que existió desde la eternidad con Dios y que se hizo un ser; Jesucristo es el Dios del AT.

La persona de Jesucristo: divino y humano[2].

Al leer la Biblia, observamos claramente que Jesús era una persona especial. Nunca existió ni existirá otra persona igual a Él. La palabra griega monogenés (unigénito), aplicada a Cristo en el Nuevo Testamento, muestra que Él era único en su especie. ¿Por qué? Porque además de no tener pecado y ser el Salvador, Cristo era al mismo tiempo divino y humano, es decir, 100% Dios y 100% hombre.

Es difícil explicar cómo el Dios infinito y el ser humano finito pudieron unirse en una sola persona, pero, luego de mucha discusión, los principales teólogos cristianos llegaron al consenso, en el siglo V, de que Cristo es una persona con dos naturalezas: una totalmente divina y otra totalmente humana, las cuales no deben ser confundidas sin separarse. Solo en el cielo el misterio será plenamente aclarado.

Su divinidad

Con respecto a la divinidad de Jesús, estos aspectos aparecen claramente en la Biblia:

Jesús tiene los mismos atributos de Dios. Él es omnipotente (tiene el poder en todo el universo; Juan 17:2), omnisciente (tiene toda la sabiduría y el conocimiento; Colosenses 2:3), y omnipresente (puede estar en todos los lugares al mismo tiempo; Mateo 28:20), es inmutable (nunca cambia en su carácter; Hebreos 13:8), es autoexistente (tiene vida en sí mismo; Juan 1:4), es santo (no tiene pecado; Lucas 1:35), y misericordioso, amante y eterno (1 Juan 3:16; Isaías 9:6).

Jesús ejerce los poderes de Dios. Cristo es identificado en la Biblia como Creador y Sustentador del universo; y la fuente de vida y el Juez del mundo. Él perdonó pecados, cosa que solo Dios puede hacer (Juan 1:3; Colosenses 1:16, 17).

Jesús fue reconocido como divino. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan. 1:1).

Jesús es descrito como divino. En varios pasajes, él es presentado indirectamente en igualdad con el Padre y con el Espíritu Santo: en el bautismo (Mateo 28:19), en la bendición apostólica (2 Corintios 13:13) y en la presentación de los dones espirituales (1 Corintios 12:4-6).

Jesús es adorado como Dios. Los ángeles deberían adorarlo; los discípulos lo adoraron, y Él aceptó la adoración (Hebreos 1:6; Mateo 28:17).

Su humanidad

Con respecto a la humanidad de Jesús, podemos destacar estos aspectos:

Jesús nació como ser humano. Aunque Jesús fuese singular, por haber sido generado por el Espíritu Santo, Él era hijo de María, descendiente del patriarca Abraham y del rey David (Mateo 1:1, 20-23; Romanos 1:3).

Jesús creció como ser humano. “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Luc. 2:52).

Jesús fue identificado como “hombre”. Jesús usó el título “Hijo del Hombre” 77 veces para hablar de sí mismo. Juan el Bautista, Pedro y Pablo se referían a él como hombre, y el pueblo lo veía solo como un hombre (Juan 1:30; Hechos 2:22; Romanos 5:15).

Jesús tenía características humanas. Él sintió hambre y sed, cansancio, compasión, tristeza, lloró, sufrió y murió (Mateo 4:2; 9:36; 26:21, 22; Marcos 1:35; 3:5)

Personalidad impactante

El Maestro Jesucristo, un carpintero, sin jamás haber dejado registrada una palabra siquiera, sin jamás haber producido un artículo, investigación, monografía o libro, impactó a la humanidad de una manera impresionante. Como nos recuerda el Dr. James Kenedy, con 12 discípulos Jesucristo ejerció una influencia civilizadora que dura hasta hoy.

Él nació en un pueblo desconocido, el hijo de una campesina. Creció en otro pueblo donde trabajó en una carpintería hasta sus 30 años. Entonces, durante tres años, fue un predicador itinerante. Nunca escribió un libro. Nunca ocupó un puesto. Nunca tuvo familia o una casa. No asistió a la facultad. Nunca conoció una ciudad grande. No se apartó más de 300 kilómetros del lugar donde nació. No hizo nada de lo que normalmente acompaña al poder. No tenía credenciales, era simplemente Él.

Tenía solo 33 años cuando toda la opinión pública se volvió contra Él. Sus amigos huyeron y uno de ellos llegó a negarlo. Fue entregado a sus enemigos y pasó por el escarnio de ser juzgado. Fue crucificado entre dos ladrones.

Cuando estaba muriendo, sus ejecutores se disputaban sus ropas, sus únicas propiedades en este mundo. Cuando murió, fue sepultado en una tumba prestada por un amigo misericordioso. Veinte siglos pasaron, y hoy, Él es una figura central de la raza humana[3].

Es irrefutable que la vida del joven galileo causó un gran impacto en su época y en nuestra época. Y lo más espectacular: hizo todo esto solo hasta los 33 años de edad. ¡Eso es extraordinario!

Concluyo con las sabias palabras de J. M. Price. Escribiendo acerca del Maestro Jesús, el autor dice: “Sé perfectamente lo que digo, cuando afirmo que, reuniéndose todos los ejércitos organizados y todas las armadas construidas y todos los parlamentos convocados, y a todos los que reinaron en este mundo, es cierto que todos juntos no lograron afectar la vida humana sobre la faz de la Tierra como esta solitaria personalidad lo hizo”[4].

¡En esta Navidad, celebre a Jesucristo divino-humano, que nació como un bebé, vivió entre nosotros haciendo el bien, murió en nuestro lugar, resucitó e intercede por nosotros, y pronto vendrá a buscarnos!

[1] Bíblia Online, CD publicado por la Sociedad Bíblica de Brasil.

[2] Esta y las próximas dos secciones fueron adaptadas de BENEDICTO, Marcos de. Fé Inteligente – um guia para você entender e viver o cristianismo [Fe inteligente: una  guía para entender y vivir el cristianismo]. Tatuí: CPB, 2001, págs. 17 e 18.

[3] James KENEDY y Jerry Newcombe. E Se Jesus não Tivesse Nascido? [¿Y si Jesús no hubiese nacido?]. São Paulo: Vida, 2003, pág. 21.

[4] J.M. Price. A Pedagogia de Jesus [La pedagogia de Jesús]. 3ª edição. São Paulo: JUERP, 1983, pág. 161.

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