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Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

Más allá de la enseñanza

Frase de resumen de la columna: Reflexiones sobre aspectos de la vida diaria a partir de la Teología, Educación y Ciencias de la Religión.

Importancia de los padres en la preparación espiritual y moral del adolescente

La adolescencia es una etapa fundamental en la vida, pues es un momento único en la asimilación e interiorización de valores en todas sus dimensiones. En esta etapa de la vida, aunque el adolescente parezca tomar distancia de los padres, es fundamental entender que estos todavía representan una fuente de influencia fuerte para los hijos. Las investigaciones demuestran que, comparados a los amigos, los padres son los que más influencia tienen en el pensamiento y el comportamiento del adolescente.[1]

Si los padres son importantes para los adolescentes, es necesario que sean cuidadosos en su modo de vivir, a fin de impactar también espiritual y moralmente en sus hijos. Estos son algunos cuidados especiales que deben tomar:[2]

  1. Los padres deben enseñarles a sus hijos cuestiones espirituales

Esta enseñanza no debe ser solo teórica; los hijos necesitan ver la práctica de la religión en sus padres. Obviamente, esa tarea es desafiante; es fácil hablar de religión, de Dios, de fe, de Iglesia, de obediencia a los mandamientos, de estudiar la Biblia, de orar, de meditar. Sin embargo, el discurso por sí solo no convence; es necesario que esté acompañado del ejemplo, de un modelo. Este tipo de enseñanza –teórica y práctica- exige participación por parte de los padres, exige tiempo al lado del hijo, pues la mejor enseñanza religiosa no se consigue solo en la formalidad de un culto; puede ocurrir en la informalidad de una conversación en el parque, en un juego en la cancha, en un paseo en el shopping, en un día de pesca, etc.

Es verdad que hay también otras personas que enseñan a los adolescentes los asuntos espirituales: el pastor de la iglesia, el maestro de la Escuela Sabática, el profesor de enseñanza religiosa, etc. Todavía enfatizo aquí la importancia de la participación de los padres en este proceso; al final, los padres son las personas que más impacto causan en la primera y la segunda infancias; los padres están presentes constantemente en la vida de los hijos. Por eso, los padres no deben dejar la responsabilidad de los asuntos espirituales en manos de terceros; deben asumir toda la responsabilidad como los primeros líderes religiosos de los hijos. Eso dejará en ellos una marca por el resto de sus vidas.

  1. Los padres deben compartir sus propias experiencias espirituales

Desde pequeñitos, nuestros hijos escuchan las historias bíblicas y crecen aprendiendo sobre cómo vivieron las personas de la Biblia su vida con Dios. A medida que el tiempo pasa, y a medida que el proceso cognitivo les permite más madurez en todos los sentidos, esos relatos van adquiriendo significado. El adolescente, finalmente, logra pensar con profundidad sobre los errores y aciertos de las personas bíblicas que llenaron su imaginación infantil. En muchos casos, esos relatos quedan distantes, y poco tienen que ver con la experiencia personal de ellos en pleno siglo XXI.

Aquí entra en escena la participación de los padres. En medio de conversaciones informales, los padres pueden contarles a sus hijos cómo viven su vida espiritual y de qué modo vencen los desafíos espirituales que los hijos hoy están enfrentando: tener un momento particular diario de meditación, cómo orar, cómo vencer las tentaciones, etc.  Al usar su vida como ejemplo, los padres pueden conducir al adolescente a una religión y espiritualidad prácticas que demuestre, en lenguaje claro, cómo relacionarse con Dios.

No estoy hablando de clases de Teología,  sino de cristianismo en acción: “Hijo, yo sé que Dios me ama porque un día estaba afligido por una enfermedad de mi madre. Entonces…”

“Hija, te entiendo, sé cómo es sentirse rechazada por las amigas. Sabes, cuando yo estaba  en el colegio secundario…”

¡Qué maravilla poder oír de boca de padres sabios el relato de cómo se vive la auténtica vida religiosa!

Hablando a los padres, el psiquiatra Rosse Campbell afirma que el adolescente “debe saber cómo Dios satisface todas las necesidades personales y familiares, inclusive las financieras” de los padres. “Él necesita saber el contenido de las oraciones de los padres. Por ejemplo, usted debe contarle cuando está orando en favor de otros. Cuando sea posible, cuéntele los problemas sobre los cuales está pidiendo ayuda a Dios. No se olvide de mantenerlo informado sobre cómo Dios está obrando en su vida y cómo lo está usando a usted para ministrar a alguien. También deberá saber con seguridad que usted está orando por él y por sus necesidades particulares”.[3]

  1. Los padres deben tomarse en serio la paternidad y la maternidad.

Los padres somos la figura de Dios en nuestro hogar. Ser padre y madre es algo serio; más serio que ser un buen jefe; más serio que ser un buen obrero al servicio de la Iglesia; más serio que ser un buen profesional. Después de todo, Dios no nos pedirá cuentas de cuán buenos fuimos como trabajadores, sino que nos pedirá cuenta de los hijos que nos dio.

Y para terminar esta sección, un precioso texto de Elena de White para los padres y madres:

“Todo hogar cristiano debe tener reglas; y los padres deben, por sus palabras y su conducta el uno hacia el otro, dar a los hijos un ejemplo vivo y precioso de lo que desean verlos llegar a ser. Debe manifestarse pureza en la conversación y debe practicarse constantemente la verdadera cortesía cristiana. Enseñemos a los niños y jóvenes a respetarse a sí mismos, a ser fieles a Dios y a los buenos principios; enseñémosles a respetar y obedecer la ley de Dios. Estos principios regirán entonces su vida y los pondrán en práctica en sus relaciones con los demás. Crearán una atmósfera pura, que ejerza una influencia tendiente a alentar a las almas débiles en la senda hacia arriba que conduce a la santidad y al cielo”.[4]

[1] Citado em Gary Chapman. As cinco linguagens do amor dos adolescentes. 2a ed. São Paulo: Mundo Cristão, 2006, p. 33-34.

[2] Adaptado de Ross Campbell. Como realmente amar seu filho adolescente. São Paulo: Mundo Cristão, 2004, p. 93-95.

[3] Ibíd., p. 94.

[4] Elena de White.  El hogar cristiano. Buenos Aires, Asociación Casa Editora Sudamericana, 2000, p. 12.

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