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Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

Más allá de la enseñanza

Frase de resumen de la columna: Reflexiones sobre aspectos de la vida diaria a partir de la Teología, Educación y Ciencias de la Religión.

“Hacer discípulos a todas las naciones”: la misión de la iglesia- Parte 2

Como leemos en Mateo, la última instrucción dada por Jesucristo a los discípulos fue: “Id […] haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19; según Hechos 1:8). Eso nos muestra que “los miembros de la iglesia fueron llamados a salir del mundo para ser enviados de vuelta al mundo con una misión y un mensaje. El llamado al evangelismo surge de una inequívoca orden del Señor de la iglesia”.[1] En otras palabras, el discipulado de Jesús debe ser vivido en medio del mundo.[2] Y no estamos hablando de algo referente solo a quienes son obreros o misioneros. Estamos hablando de una forma de vida que debe ser la norma también en la vida profesional diaria de todas las personas. Dicho de otro modo, “el discipulado de Jesús no es la recompensa para algunos por un comportamiento especial, sino […] el mandamiento divino que abarca a todos los cristianos”.[3]

¿Qué es discípulo y discipulado?

Hacer discípulos implica enseñar, instruir. También implica formar aprendices, pupilos, alumnos.[4] El principal vocablo griego traducido como discípulo es mathetes, usado en los evangelios para referirse a un seguidor de Jesús, un aprendiz de Jesús, es alguien  comprometido con Jesús.[5] Por lo tanto, un discípulo “es alguien que oyó el llamado de Jesús y se volvió su seguidor”.[6] De modo que la figura del discípulo se refiere a alguien que sigue a Cristo.[7] Em relação ao conceito de discípulo, uma ideia parecia ser clara e consensual entre os Con relación al concepto de discípulo, una idea parecía ser clara y de consenso entre los primeros cristianos: no debería haber diferencia entre ser discípulo y ser cristiano. Tanto es verdad que, en Juan, mathetes es, un término frecuentemente utilizado para expresar proximidad y compromiso con Cristo (Juan 8:31; 13:35; 15:8); diríamos que “discípulo” es sinónimo de “cristiano”.[8] O sea: si soy cristiano, soy discípulo, si soy discípulo, soy cristiano. Así, si soy cristiano, entonces soy seguidor de Cristo, soy aprendiz de él, y vivo comprometido con él.

“El discipulado cristiano es una relación de maestro con alumno basado en el modelo de Cristo y sus discípulos, en el cual el maestro reproduce tan bien en el alumno la plenitud de vida que tiene en Cristo, que el alumno es capaz de entrenar a otros para que enseñen a otros.”.[9] El resultado del proceso del discipulado aparece en forma de más discípulos: el discípulo se vuelve discipulador. Podemos afirmar, entonces, que “el discípulo es el alumno que aprende las palabras, los hechos y el estilo de vida de su maestro con la finalidad de enseñar a otros”.[10]

La gente reunida confraternizando, sonriendo, cantando y leyendo la Biblia es algo muy bueno, pero es necesario que se haga mucho más: con una vida disciplinada, el discípulo necesita hacerse discipulador. Hacer menos que eso es desvirtuar “la religión que fue fundada por Jesús”.[11]

La iglesia tiene la misión de formar discípulos que se vuelvan discipuladores. ¿Con qué finalidad? Con la finalidad de que se alisten en la misión, y de alistar a otros en la misión. ¿Y cómo la iglesia puede ayudar a las personas a volverse discípulos y discipuladores? O sea: ¿Cómo podemos salir de la condición de creyentes seguidores de Cristo para volvernos discípulos equipados, verdaderamente discipuladores?

Es fundamental que la iglesia promueva algunas acciones que apunten al discipulado: quiero comentar tres de esas acciones, dos de las cuales quedarán para el próximo artículo.[12]

  1. Con el fin de ayudar a los miembros a ser discípulos y discipuladores, la iglesia debe promover prácticas o disciplinas espirituales personales.

Una de las principales disciplinas espirituales es la oración. Todo discípulo y discipulador ora constantemente, ora sin cesar (1 Tesalonicenses 5:7); o sea, se mantiene sensible a la voz de Dios en todo tiempo. Hace eso en sus momentos devocionales, por la mañana (Salmo 5:3), pero también lo hace durante el día a día, ya sea antes de una comida, antes de tomar una decisión, incluso en gratitud a Dios antes y después de una negociación comercial exitosa, o antes y después de una consulta médica. Considerando que las personas oran poco, tal vez sea necesario que enseñemos a las personas a orar y que insistamos en la importancia de una vida de oración.

La lectura de la Biblia es también otra disciplina espiritual. Todo discípulo y discipulador lee la Palabra de Dios. Es más, las más valiosas enseñanzas de la Biblia no se obtendrán con un estudio ocasional o fragmentado. Su gran conjunto de verdades no es presentado como para ser descubierto por el lector apresurado o descuidado. Muchos de sus tesoros yacen muy abajo de la superficie, y solo se pueden obtener con una investigación diligente y un esfuerzo continuo. Las verdades que irán a completar el gran todo, deben ser investigadas y reunidas “un poco aquí, un poco allí”. Necesitamos enseñar a los miembros de la iglesia cómo leer y comprender la Biblia. No basta con que les exijamos la lectura de la Biblia. Es necesario decirles cómo se hace.

Además de orar y leer la Biblia, el verdadero discípulo y discipulador practica la meditación cristiana. El Salmo 119:48 registra: ” Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, y meditaré en tus estatutos”. El salmista nos exhorta a la meditación, momento sublime cuando sacamos los auriculares de los oídos, cuando nos desconectamos de la charla virtual, cuando quedamos quietos y entramos en sintonía con Dios: con calma, con paciencia, como quien espera un encuentro especial.

Lo que da real sentido a nuestra vida y el rumbo correcto para el cumplimiento de la misión es saber estar a solas con Dios. Es comenzar el día con Dios. Es  primero Dios.

[1] Tratado de Teologia, p. 610.

[2] Dietrich Bonhoeffer. Discipulado. São Paulo: Mundo Cristão, 2016, p. 24.

[3] Ibid., p. 23.

[4] Strong, J. (2002). Léxico Hebraico, Aramaico e Grego de Strong. Sociedade Bíblica do Brasil.

[5] Bill Hull. The Complete Book of Discipleship: On Being and Making Followers of Christ. Colorado Springs, Colorado: NavPress, 2006, p. 32.

[6] Lothar Coenen e Colin Brown, organizadores. Dicionário Internacional de Teologia do Novo Testamento, p. 578.

[7] The Complete Book of Discipleship, p. 33.

[8] Dicionário Internacional de Teologia do Novo Testamento, p. 587

[9] Keith Phillips. A Formação de um Discípulo. 2a edição. São Paulo: Vida, 2011, p. 20.

[10] Ibid., p. 19.

[11] Idem.

[12] Adaptado de Greg L. Hawkins e Cally Parkinson. Siga-me: O Que Vem a Seguir? São Paulo: Vida, 2009, p. 36 a 54.

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